Capítulo 8: Más allá del tiempo y del espacio

Noche en el monte pelado – Mussorgsky

Tras inocular el compuesto en todos los asistentes, los encapuchados retiraron el atril y desaparecieron de la escena, momento en el que una luz estroboscópica inundó la sala y, flash a flash, empezamos a flipar.

 
El cuadro pareció cobrar vida. Igual que en una película de animación rudimentaria pude ver cómo las formas aladas que se sugeríanen un lateral del cuadro comenzaban a aletear. Empezaron a oírse risas histéricas alrededor, llantos, y por el rabillo del ojo pude ver a otros que señalaban a diversas partes del cuadro y exclamaban incoherencias. Miré a Ramiro, que staba absorto en la contemplación de la pintura. Sus pupilas estaban dilatadas. Debíamos haber ingerido algún tipo de alucinógeno. El cuadro se volvió tridimensional. 
 
Y nos absorbió
 
Volaba por el espacio en pos de unas formas oscuras, titánicas, amenazantes, que batían sus poderosas alas. Por un momento me invadió el pánico, sentí como una parte de mí, de mi concepción de la realidad, moría en aquel vacío oscuro. Estaba solo, rodeado por el frío brillo de estrellas lejanas y por aquellas criaturas gigantescas que volaban delante de mí.  Aquello iba en contra de todas mis concepciones preestablecidas sobre lo que era posible y lo que no.
 
En aquella dimensión no había tiempo, apenas sí había espacio, era como vivir dentro de un lienzo cambiante, pero no podía hablarse de movimiento, solo de existencia.
 
Una luz azul apareció abajo. Las criaturas se dirigían hacia ella. Podría ser que nos estuviéramos aproximando a la Tierra. De repente todo se hizo llamas, luego calor, y lo siguiente que vi fue una ciudad de piedra enorme, terrorífica, en medio del mar. Unas puertas megalíticas; había algo tras ellas. 
 
En ese momento el pánico se convirtió en pavor y mi instinto de conservación me dijo que cerrara los ojos. Instintivamente me agarré al lugar en el que intuía que debían de estar los laterales de la silla en la que, en otra realidad, tenía que estar sentado mi cuerpo. La multitud estalló en gritos agónicos.
 
-Extracto de “Imposible pero incierto (una novela de horror có[s]mico)