Si has llegado a este post es posible que te estés preguntando por el jabalí blanco y su significado.

Battiato lo incluyó en una enigmática canción, La era del jabalí blanco, que yo incluí como elemento paródico en mi novela de terror y humor Imposible pero incierto.

Pero antes, te cuento cuál podría ser el significado que Battiato quería darle a su canción La era del Jabalí Blanco.

Jabalí blanco: significado

El jabalí blanco era un animal mítico que en la cultura celta se convirtió en el objetivo de los héroes célticos, pues cazarlo garantizaba su paso al otro mundo.

Vemos por lo tanto que este animal es un vínculo de conexión con los dioses.

Puedes tener más información sobre el significado simbólico del jabalí en este artículo.

El jabalí, en diferentes mitologías, también es una montura de los dioses, por lo que parece ser el vehículo que trae a la divinidad a los humanos.

Cabe pensar, por lo tanto, que la canción La era del jabalí blanco de Battiato nos habla del anhelo del autor por el regreso de una era en la que retorne la espiritualidad como un valor de la sociedad, en el que las personas dejen de ser materialistas y vuelvan a acercarse a las prácticas espirituales.

Precisamente por este valor del jabalí como vínculo con los dioses, por lo extraño de la imagen y de la melodía de esta canción, y por el particular apéndice que tiene Franco Battiato por nariz, que siempre me ha recordado a un tentáculo, no pude evitar hacer una asociación de ideas con Nyarlathotep, y es por eso que incluyo a modo de guiño humorístico una interpretación del significado de “la era del jabalí blanco” en el contexto de la parodia de los mitos de Cthulhu en que se basa la novela.

Te dejo aquí el pasaje en cuestión.

CAPÍTULO 19: EVIDENCIAS INQUIETANTES

―Lo sabía. Había entre nosotros alguien que llevaba años anunciándolo. Por fin todo cobra sentido para mí. ―Con ademanes exagerados por el entusiasmo se dirigió apresuradamente hacia la minicadena e introdujo una cinta. Observé cada uno de sus movimientos, expectante. Era el único resquicio de esperanza, la única persona que me hacía sentir que todavía no necesitaba usar una camisa de fuerza.

Una música que realmente se podría clasificar como un sonido de otro mundo invadió la estancia mientras todos nos mirábamos sin comprender nada.

―¿No lo entedéis? ―En el rictus de Javier Manuel se podía leer cierto disgusto―. ¡El Jabalí Blanco! Ahora, tras años de devanarme los sesos, ¡sé lo que significa! Escuchad atentamente…

Todos centramos nuestra atención en el estrambótico estribillo que había sido anunciado por una cadena de ripios de soberano calibre, con el sello inconfundible que le imprimía la voz nasal (no podría de ser de otro modo dado el tamaño del la nariz del cantante) de Franco Battiato:

«La sombra de mi identidad mientras me sentaba,

en el cine o bien en un baaaaaaaaaaaar…»

Cada alarido era como si estuvieran desollando una cabra.

«Espero que retorne pronto la Era del Jabalí Blanco.

Espero que retorne pronto la Era del Jabalí  Blanco.»

A continuación un árabe, que sin duda estaba muy loco, o lo fingía muy bien, en un claro homenaje al poeta loco Abdul Alhazred, autor del Necronomicón, soltaba delirantes frases en su idioma.

Conforme la letra de aquella abyecta cacofonía, digna del más impío de los flautistas de Azathoth, se iba filtrando en mi cerebro, una sensación de horror cósmico e insondable se iba cerniendo sobre mi persona, una angustia vital, una sensación de soledad ante las desconocidas brumas del éter de los abismos siderales, un sentimiento de pequeñez extrema e indefensión total frente a los horrores que acechan más allá de las dimensiones, esperando que su regreso sea prepara…

―¡Javier Manuel, quita esa mierda, coño!

El centro del habla de Pastrami volvía a funcionar, una vez había verificado que su querida moto estaba intacta.

Javier Manuel y yo nos miramos estupefactos.

―Entonces, si Franco Battiato se ha dedicado a anunciar la llegada del Jabalí Blanco, suponiendo que el Jabalí Blanco sea quien creemos que es, lo que por otra parte no sería de extrañar, porque si no, a ver a quien se le ocurriría hacer una canción sobre algo tan absurdo como la venida de «La Era del Jabalí Blanco»… ―por un momento las palabras dejaron de manar de mis labios, en parte porque me estaba perdiendo en mi propio razonamiento y en parte porque un temor atávico me impedía inconscientemente admitir aquella posibilidad, corroborar algo que yo sabía que era cierto― …entonces ―la voz se me quebró en la garganta― Franco Battiato es… ―frente a mí, Javier Manuel asentía con un gesto trágico en el semblante― ¡Nyarlathotep! ¡El enviado de los Dioses Exteriores! El encargado de sembrar el horror y la locura entre los hombres, el caos y la destrucción, de abrir camino para que los Antiguos regresen a dominar nuestro mundo, el que puede cambiar de aspecto a voluntad y caminar entre los humanos para embaucarlos de acuerdo a sus planes, el dios de las mil máscaras, pero del que si alguien viera su verdadera forma, un enorme monstruo antropoide con tres piernas y un tentáculo sanguinolento en lugar de cara, moriría de horror y de locura.

―¡Exacto! ―asintió Javier Manuel con la voz cargada de emoción.

―Hombre, Franco Battiato es feo «pa» eso y «pa» más ―apostilló Jaimito con aire indolente.

―¡Pero es que no os dais cuenta! ―Javier Manuel estaba fuera de sus casillas.

Y era verdad, todo coincidía. La cara del italiano era digna de una máscara, su enorme napia bien podría ser calificada de trompa o de tentáculo y, remitiéndonos ya a aspectos técnicos, escuchar su música durante más de diez segundos seguidos hacía perder la cordura a cualquiera.

– Extracto de Imposible pero incierto (una novela de horror cósmico)

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