La realidad parecía estar dando una vuelta de tuerca mostrándonos su lado más enigmático y misterioso. Era como si mi consciencia tuviera una maleta llena de ideas, de las cuales algunas eran artículos deleznables, carentes de importancia, mientras que otras eran piezas de un extraño rompecabezas, pero aún no había podido distinguirlas entre sí.

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Mientras volvíamos de camino a casa, mi mente no estaba al cien por cien en la conversación. No paraba de darle vueltas a los acontecimientos. Una atmósfera ominosa estaba comenzando a apoderarse de la ciudad. Una niña desaparecida, un acto vandálico en la mezquita, un guardia de seguridad del que no había quedado rastro alguno, la viejecita del puestecillo de gominolas del popularmente conocido como «Jardín de los Patos» asesinada sin motivo aparente, con la garganta destrozada. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal.

noticia anciana

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―¿Has visto lo del periódico? Ha aparecido muerto un hombre entre la vegetación de la ribera. Por lo visto estaba cubierto de una sustancia azulada y extraña.

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Rastreando los periódicos del día encontré un par de noticias que dispararon mi alarma mental. La mayoría de los mortales no habrían visto conexión aparente entre ellas pero las experiencias vividas la pasada noche me habían dotado de una suspicacia cercana a la paranoia.

Una de las noticias hablaba de avistamientos OVNI en el cielo de Córdoba durante la madrugada, denunciados por algunos vecinos, aunque no llegaba a hablarse de objetos propiamente sino de luces estáticas que habían aparecido y desaparecido, alterando la noche cordobesa. La otra, la que me produjo una mayor inquietud, era un breve en la sección de sucesos en la que se contaba que los servicios de urgencias habían tenido que atender a un vagabundo demente que habían encontrado debajo de uno de los arcos del Puente Romano, el más cercano a la Calahorra.

-Extracto de “Imposible pero incierto (una novela de horror có[s]mico)