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¿Por qué esta entrada?

El otro día leí un artículo en el estupendo blog Diario de una escritora, de Nerea Nieto, un artículo en el que hablaba de su intuición del efecto terapéutico de la escritura, al final del cual preguntaba sus impresiones al respecto a los lectores.

Esto me dio la idea para esta entrada, aplicando lo poquillo que se de neurología y de psicología, para tratar de explicar el por qué el acto de escribir resulta terapéutico, y no solo terapéutico para los escritores, sino para cualquiera que pueda dedicarle unos minutos cuando esté angustiado.

¿Cómo funciona? ¿Puede servir a cualquiera?

La respuesta es, querido lector, of course yes, o chachi que sí, si queréis telportaros mentalmente a lo más sórdido de vuestra infancia tardía en los 80.

Que sí, vamos, que te sirve.

Independientemente de los efectos sicoanalíticos que la escritura pueda tener para liberar conflictos internos plasmándolos en papel, que sería demasiado compleja de explicar y entender, y que además es un tema del que intuyo más que sé, la propia fisiología del cerebro puede aclarar el por qué de este efecto tranquilizador.

Para explicar el mecanismo, primero unas nociones de cómo funciona el selevvro.

En los humanos normales el cerebro está dividido en dos hemisferios.

En las víctimas de El loco del hacha, a veces hasta en tres o cuatro.

En el caso de los concursantes de Mujeres, hombres y viceversa, la ciencia aun duda de que tengan masa encefálica suficiente para juntar entre todos medio hemisferio.

Bueno, volvamos a los humanos estándar.

Cada hemisferio del cerebro tiene unas funciones y unas características.

La que a nosotros nos interesa es que los sentimientos negativos generalmente se crean en el hemisferio derecho, que es el hemisferio del lenguaje visual y de las emociones, mientras que el hemisferio izquierdo es el del lenguaje verbal y la lógica (estoy resumiendo mucho).

Cuando estamos agobiados o tenemos muchos pensamientos negativos, usualmente se debe a que el hemisferio derecho está muy activo, pues es el responsable de los sentimientos.

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¡Estoy fatal de lo mío!

Si escribimos, o hablamos con alguien, que son actividades relacionadas con el lenguaje, hacemos que aumente la actividad del hemisferio izquierdo, lo que hace que disminuya la del hemisferio derecho, equilibrando ambos y reduciendo así la ansiedad.

 

Es por eso que, cuando algo nos preocupa o agobia, hablar con alguien puede suponer un desahogo que contribuye a disminuir la angustia.

Igualmente, escribir nos puede ayudar en este sentido.

El efecto meditativo

Muchas filosofías orientales, como por ejemplo el zen, hablan de que el malestar del individuo suele venir de la desunión del cuerpo y la mente.

¿Qué es esto? Pues que si mi cuerpo está en el cine viendo una película, pero a la vez estoy pensando en que al día siguiente me tienen que hacer una colonoscopia y no me quedan calzoncillos limpios, posiblemente no disfrute de la película, ni de la colonoscopia, pero bueno, esto último viene siendo lo normal.

Si la película, además, va de colonoscopias, ya ni te cuento.

Es decir, que si no estás en lo que estás, tu mente se hallará en un estado de inquietud permanente.

Sin embargo, si cuerpo y mente se concentran en una tarea, puede alcanzarse lo que se conoce como estado meditativo, un estado de concentración total, en el que parece que nos aislamos del entorno y la percepción del tiempo desaparece, algo así como cuando vas conduciendo y oyendo música, y realizas las maniobras de conducción de forma casi inconsciente. Mente y cuerpo están completamente concentrados en la acción. Estás dentro del triángulo Yo-aquí-ahora.

No hay que confundirlo con el momento en que entras en el banco para ingresar dinero en tu cuenta de ahorros, que sería el momento “Yo-aquí-ahorra”.

Este chiste tan atroz ha sido cortesía de una disfunción de mis dos hemisferios serebrahleh.

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Este mismo estado se da cuando hacemos deporte, por eso la actividad física, al igual que la masturbación (que en el fondo no deja de ser un tipo de actividad física), es un gran liberador de tensiones, aunque la primera está más relacionada con los equilibrios hormonales.

Pues bien, lo habéis adivinado: si te gusta escribir, cuando escribes te abstraes de tal forma que te concentras en cuerpo y mente en la escritura, olvidando las preocupaciones que en ese momento pudieran estar acosándote.

Así que ya tienes una razón más para escribir, o simplemente, si estás agobiado por algo, tómate unos minutos, aíslate en un lugar tranquilo, y escribe sobre ello, o sobre lo que te apetezca, o lleva un diario.

Pruébalo, y cuéntame qué tal te fue dejando un comentario en esta entrada.