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Cuando en un libro de terror aparecen elementos típicos de la novela humorística, estamos ante una combinación desconcertante que en principio escaparía del ámbito de la ficción transgresiva.

Como decía Mario Vargas LLosa :

«Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes le escogen».

Esto a veces es un problema, porque el sistema de clasificación internacional de libros y el propio esquema mental del ser humano nos obliga a definir la realidad y clasificarla en compartimentos estancos, y no de esos en los que se puede comprar un paquete de Winston (chistaco).

Cito a Palahniuk en el título, porque fue uno de los autores que utilicé como brújula para definir mi estilo literario cuando escribo ficción (porque ya sabes que también escribo ensayos sobre temas paranormales), junto con Terry Pratchett, H. P. Lovecraft y Eduardo Mendoza.

El autor de El club de la lucha define su estilo como ficción transgresiva, pero si analizas su obra te encontrarás con algún que otro pero a esta afirmación.

¿Por qué?

La ficción transgresiva, un género con mucha historia

Pero para poder ver el porqué de esa afirmación, primero tienes que saber qué es la ficción transgresiva.

Dentro de este laberinto que son los géneros y subgéneros literarios, la ficción transgresiva se caracteriza por ser un género literario centrado en pesonajes que sienten que las normas y convencionalismos sociales les constriñen y limitan, se sienten abrumados por las expectativas que la sociedad pone en ellos.

Para liberarse de esta presión (o prisión, según se mire) eligen caminos inusuales y socialmenete inaceptados, rebelándose contra las normas básicas de la sociedad.

Son personas normales que, a los ojos de sus semejantes, aparecen como extraños, rebeldes, antisociales y/o nihilistas.

Debido a estas pautas, es un género que suele tocar tabúes sociales como la drogadicción, las prácticas sexuales anómalas, la violencia y la delincuencia.

Esta clasificación literaria surgió en los años 90 de la mano de un crítico literario de Los Angeles Times,  Michael Silverblatt.

Estas características emparentan a este género directamente con el realismo sucio.

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Viendo esta escena de Trainspotting, nadie negaría que es de un realismo muy sucio..

Según los teóricos de la literatura, este género hunde sus raíces en las novelas de William Burroughs y el Marqués de Sade.

Aunque se clasifica como autores de ficción transgresiva a  Dennis Cooper, James Robert Baker o Noah Cicero (conocidos en su casa a la hora de comer), es Chuck Palahniuk el principal representante del género en la escena internacional.

Estas novelas se caracterizan por tener elementos chocantes que buscan epatar al lector, y suelen tener como trasfondo temas como la búsqueda de la identidad propia, la paz interior o la libertad personal.

Los orígenes de la ficción transgresiva: clásicos que no pensarías que pertenecen al género

Algunos expertos defienden que la ficción transgresiva no es un fenómeno nuevo, sino la herencia de una gran tradición literaria dedicada a criticar las normas sociales.

Esta corriente intenta meter en el saco de la ficción transgresiva las obras anteriormente mencionadas del Marqués de Sade y el conde de Lautréamont, Crimen y Castigo y Memorias del subsuelo, del ruso Fyodor Dostoyevsky y también la novela psicológica Hambre del noruego Knut Hamsun.

El hecho de que el Ulises de James Joyce fuera prohibido en los EE.UU también lo situaría, según estos expertos, en el área de la ficción transgresiva.

De acuerdo con este criterio, serían también susceptibles de ser encuadradas en la ficción transgresiva obras clásicas como El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence y Trópico de Cáncer de Henry Miller, dado que estos libros fueron objeto de juicios por obscenidad.

La gran controversia que causó en 1955 la publicación de Lolita, de Vladimir Nabokov, que trata el tema de la pedofilia que se produce entre los personajes principales del libro, Humbert Humbert y Lolita, también la situarían dentro del género.

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He dicho Nabokov, no Nabocop.

 Sobre la base de estos planteamientos, otro clásico de la ficción transgresiva sería El Almuerzo Desnudo, de William S. Burroughs. 

Charles Bukowski, debido a la temática de sus novelas, que combina alcoholismo con sexo explícito, también sería otro de los autores que encajaría en el género.

Pero lo único que se puede afirmar con certeza es que el término ficción transgresiva fue usado por primera vez para describir la novela American Psycho, de Bret Easton Ellis, que para otros muchos entendidos es un clásico del género de terror.

El mayor desarrollo del género como tal se dio durante los años 90, de la mano de autores como Irvine Welsh, autor de la mítica Trainspotting, y Chuck Palahniuk.

Entonces, ¿Dónde está la duda entre ficción absurda, ficción transgresiva o fantasía cómica?

Hace poco te contaba como aprendí, gracias al blog de la escritora Gabriella Campbell, otro término que también podría ser aplicable a mis escritos, la fantasía cómica, entendiéndose como novelas que combinan humor con elementos fantásticos (sin ceñirnos al término fantasía como “fantasía épica” sensu stricto) con otros típicos de los relatos de humor.

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Es decir, entendemos como fantástica cualquier narración que incluye elementos que rompen con la realidad establecida.

Pues bien, aquí es donde comienza a complicarse la cosa.

Si nos vamos a trabajos de Palahniuk como Fantasmas (cuya reseña puedes leer aquí) o Nana (novela que tiene el mismo nombre que mi coneja, y cuya reseña [de la novela, no de la coneja], puedes leer aquí) vemos que introduce elementos fantásticos, a saber: Sasquatchs, magia y necromancia, fantasmas y poltergeist, viajes al más allá, entre otros.

A esto hay que sumar otras novelas de este autor, como la bilogía Maldita y Condenada, cuya protagonista es una adolescente fantasma que desciende al infierno para luego regresar como espectro al mundo de los vivos.

Por lo tanto, ya empieza a joderse el invento. ¿Terror o fantástico + humor = ficción absurda o fantasía cómica?

A estas alturas para mí ya son lo mismo.

Pero, además, tienen ese toque Palahniuk tan transgresor, con sexo, drogas, y demás elementos grotescos.

La conclusión que saco es que, de nuevo, los géneros son una división artificial pero necesaria, y que un mismo escritor puede ir fluctuando entre géneros muy próximos, consiguiendo, sin embargo conservar siempre su esencia, si es un buen escritor.

Esa conclusión, o que Palahniuk escribe los dos géneros.

Es decir, sus novelas sin elementos sobrenaturales, en las que los protagonistas intentan escapar de formas grotescas a la opresión de una sociedad consumista, como Asfixia o El club de la lucha, serían novelas de ficción transgresiva, mientras que sus otros libros en los que introduce elementos fantásticos en la narración serían de ficción absurda.

No sé si esto despistará mucho a su audiencia, que supongo que tendrá preferencia por unas u otras temáticas.

Lo cierto y verdad es que es uno de esos autores que impactan por su originalidad, y pienso que, si le das una oportunidad, te guste o no, no te dejará indiferente.

Y tú, ¿qué piensas? ¿Están justificadas estas distinciones entre sus novelas?

¿Has leído a Palahniuk o a algún otro autor de ficción transgresiva? ¿Te gusta el género? 

¿Cuál es tu libro favorito del autor?

Mira si no tienes cosas que contarme en el hilo de comentarios.

Y ya sabes…

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Y si quieres saber más de este autor:

Puedes conocer su libro que se hizo realidad en España.

O leer esta reseña de uno de sus libros de ficción absurda o fantasía cómica.

O saber cuál es uno de los libros de Palahniuk que más me gustó.

Si no tienes muy clara la diferencia entre la ficción absurda y la transgresiva, te la explico en este artículo.

Y si lo que no distingues es la ficción absurda de la fantasía cómica, te lo explico en este otro..