Ya está, ya se ha vuelto loco este. Sí se veía venir.

Esto es lo que pensará más de uno al leer el título.
Bien es verdad que dicen que los escritores tienen algo de neurosis, un leve toque de locura, una seudoesquizofrenia que les hace inventar mundos que no existen pero que para ellos son reales.
Lo que si es cierto y verdad, es que oigo voces en mi cabeza.
Actualmente, escribiendo Lo poco que sé del misterio, me doy cuenta de que me está tomando más tiempo del que en principio había previsto.
Aunque tengo el grueso de la información en mi cabeza, también es cierto que cuando se manejan datos hay que investigar más, elaborar la información, y esto requiere su tiempo.
Y en este tiempo, el resto de historias pugnan por salir al exterior, hartas de esperar, temerosas de caer en el olvido.
A veces, por las noches, viene a visitarme Felio, y me cuenta al oído sus aventuras que están por venir. Otros personajes, aun sin nombre, me piden a gritos que los termine, que les de la forma final para que puedan existir.
Jonás quiere terminar de resolver el misterio del edificio encantado, Hermenegildo Osea quiere librarse de la maldición de viajar por los vertederos de la globalización en pos cumplir la volluntad de una entidad extrahumana, todos pugnan por escurrirse hasta la pantalla o el papel a través de mi mano.
No hallaré descanso hasta que los saque de mi cabeza.
Aprovecho la intimidad de este post para preguntarte, ¿te gustaría que el próximo libro fuera una continuación de las aventuras de Felio o compañía, o preferirías conocer, a través de un narrador omnisciente, las peripecias de un Cassanova moderno en pos del despertar espiritual, que deberá correr mil y una aventuras, hasta enfrentarse al final a una oscura entidad que se cobija entre los restos de un edificio abandonado?
Como siempre, aprecio tu opinión, querido lector.
¿Cuál será la siguiente voz que saque de mi cabeza?