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Es algo en lo que no había reflexionado hasta que se lo leí a Gabriella Capmbell en un artículo.

Más tarde la expresión la vi repetida por Neil Gaiman en un discurso que dio al recibir un premio de una universidad.

Los guardianes del mundo editorial, los Gatekeepers, están abandonando las puertas.

Nunca había tenido esa percepción. Hasta hace unos años en el mundo editorial había unos guardianes de las puertas que eran terribles.

Antes de proseguir quiero aclarar que esto no es un manifiesto antieditoriales. Supongo que los grandes grupos editoriales han cumplido su función durante una etapa de un modelo de industria que decae, que las habrá buenas y malas, y que las empresas de autopublicación que forman parte de grupos como Amazon no dejan de ser otro tipo de monopolio que veremos a ver por donde sale, pero mientras las nuevas condiciones se asienten y el sector se estabilice, y las oligarquías de siempre se repartan las cotas de poder,  se ha abierto una ventana de oportunidad que puede que, al menos por el momento, haya hecho que el sector sea un poco más libre

Siempre se ha justificado la labor editorial como una necesidad para que los contenidos que se publiquen tengan una calidad literaria garantizada, aunque en los últimos tiempos ha quedado patente que esto no siempre ha sido así, puesto en muchos casos las editoriales han promovido la venta de obras cuya mala calidad técnica o literaria es manifiesta, pero que han tenido grandes éxitos de ventas, mientras que condenaban a otras a la nada que, posteriormente consiguieron ser publicadas y demostraron ser grandes obras maestras, verbigracia John Kennedy Toole y la conjura de los necios.

Esto nos abre los ojos a la doble dimensión de estos guardianes del negocio editorial.

Cuantas obras maestras no habrán desaparecido injustamente por su arbitrario criterio.

Algunos dirán que el hecho de que cualquiera pueda publicar sobresatura el mercado Yo soy de la opinión de que  el tiempo pondrá cada obra será puesta donde le pertenece, puesto que los lectores no son tontos y son perfectamente capaces de distinguir lo que les gusta de lo que no.

Pero hay una tercera faceta de estos guardianes en la que a menudo no reparamos.

Una mucho más siniestra e inexplorada.

NOTA: actualizo esta entrada con vídeo muy interesante que he encontrado en internet sobre los fragmentos censurados por las editoriales de La ilustre degeneración.

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No, no me refiero a editoriales que quieran sacar una nueva edición del Necronomicon

Desde que los grandes grupos editoriales se han sobredesarrollado, aglutinando a muchos otros sellos más pequeños, casi podría decirse que lo que se publica depende del criterio de dos o tres de estos grandes grupos.

Es cierto que hay editoriales más pequeñas y modestas, pero las obras que estas publiquen no pueden llegar a tener una gran difusión, pues sus tiradas suelen ser pequeñas y sus medios de promoción limitados.

Párate a pensarlo. Hasta la irrupción de las plataformas de autopublicación en internet, estas dos o tres grandes Górgonas editoriales podían controlar qué información salía al mercado y qué información no.

Si eras amigo de las górgonas, y eras, por hacer otra metáfora, el rey del reino, podías pedirles por favor que tal o cual libro comprometedor o con información incómoda quedara vetado para el mercado editorial.

Puedes pensar que este es un enfoque conspiranoico, pero hay casos en los que se ha ejercido esta censura solapada, mucho más efectiva que la censura impuesta, al actuar con mayor sutileza y disimulo.

Y te pongo un ejemplo muy claro.

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Ya te he hablado en otras ocasiones de este libro, par mí el libro que más terror me ha causado, no sé si definirlo como terror, pero sí miedo y asco, por sus visos de verosimilitud y por la realidad y crudeza de lo que narra.

Su lectura me enganchó. Me lo terminé en dos días, y tras de sí dejó un poso de profunda inquietud que, a menudo, comparto con haber tomado la píldora roja de Matrix.

Antes de proseguir, aclarar que su autora no era cualquiera, ni por posición social ni por formación intelectual.

Dª Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura (1957-2008) fue la vigésimo primera titular del Ducado de Medina Sidonia.

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Esta historiadora y novelista escribió este libro tratando de aportar claves sobre uno de los casos más terribles de asesinatos y tortura de menores de España, basándose en sus propios conocimientos del entorno de la aristocracia y las altas esferas políticas con las que, por su condición de noble, había estado conectada.

Tal y como nos indican con gran acierto en el blog Torurokracia

«La ilustre degeneración” narra los rituales de iniciación de algunas élites en España, Estos rituales de iniciación sirven para establecer vínculos de confianza y lealtad ciega entre sus miembros. Ya lo dijo Michael Thomson, un ex-lider arrepentido de la hermandad aria (aryan brotherhood): “No hay nada mas íntimo que el asesinato, la gente no llega a entenderlo”».

Por cierto, que el libro, si te interesa, lo puedes descargar gratis La ilustre degeneración aquí.

Pero si no tienes tiempo de leerlo, puedes ver este vídeo que contiene los extractos más reveladores, en los que podrías sustituir Braulio por soberano, y si buscáis en foros podéis encontrar rumores sobre quién puede ser la Pétula, y el palacio al que se hace alusión por La casa de América, o eso dicen los exégetas de esta obra.

Pero seguramente esto sean solo rumores malintencionados, ¿no?

Este libro podría haber servido para arrojar luz sobre el caso y despertar conciencias, puesto que en él se sirve de personajes ficticios para dar pista de la verdadera identidad de algunos de los culpables, como un conde que no es tal, por ejemplo y otros muchos cuyo trasunto en nuestra realidad se puede intuir si se sabe leer entre líneas.

Sin embargo los guardianes estaban ahí para vetarlo.

Si no me crees, ella misma lo contó a modo de prólogo de su libro.

La censura fue tan efectiva que al final se decidió a liberarlo en internet, desesperada, aunque dicen que la versión que se puede encontrar es una versión censurada.

Pero dejo que sea la propia duquesa la que te abra los ojos:

Historia de una obra.

Tras cerca de 20 años de no conseguir publicar novela, en 1998 editorial sevillana recién nacida, llamada Intolema, me pidió “Presente Infinito”. Bajo el rótulo de novela – ensayo, porque a lo que hace pensar e informa, ya no se le puede llamar novela, no encontró distribuidor. Apareció a finales de julio, en pueblos andaluces del interior, no de la costa, sin que el Ministerio de Cultura haya tenido a bien incluirla en el catálogo del I.N.L.E, lo que no es novedad. No aparece ninguno de mis libros. Desde su poder ilimitado, lo que no les gusta queda condenado a la “no existencia”.

Pero el “boca a oreja” funciona. De la novela, que a estas alturas aparece y desaparece de las librerías, como los sábalos,debió tener noticia la Ed. Martínez Roca. Me escribió pidiéndome una obra. Y conteste que no. Recién llegada del exilio, hizo otro tanto su director. Rechazó lo que le mandé, pero me pidió trabajo de encargo, tratando de hacerme comprender que en los nuevos tiempos, el autor debía escribir lo que mandaba el editor, no lo que la deba la gana.

Nunca me había pasado semejante cosa. Es decir, que me juré no tener más relaciones con el Grupo Planeta. Pero el director literario de Martínez Roca, por cierto italiano y lo suficientemente inteligente, como para reconocer sus contradicciones, insistió, buscando por aliados personas de mi entorno.

Teniendo novela reciente terminada y sin esperanza de salir a luz, terminé por ceder, con condiciones expresas: nadie metería la pluma en mi obra, para cortar, añadir o modificar. Si el editor quería reformas y yo las aceptaba, las haría personalmente, quedando a mi cargo la corrección de las pruebas. Rechacé el adelanto, advirtiendo que no firmaría contrato, hasta no tener corregidas las últimas pruebas, reservándome el derecho a retirar la obra una vez publicada, de ser introducida modificación.

Juzgando la creación al peso, pues sólo los mimados del sistema, tienen derecho a espacio ilimitado, Locatelli meinsinuó reducir las 350 páginas del original a 200, alegando “imperativo” de la colección. No entiendo que la obra,,destinada a uso del intelecto, se mida por tamaño o por las tapas, pero cedí, porque quise saber hasta donde llegaba la censura, “encubierta” porque la niegan. Y de ser posible, acopiar pruebas. Aceptado como título “El jardín de las Delicias”, impuesto por la editorial, dejé el manuscrito en 199 folios, en los espacios y tipos señalados. Mandé a la editorial copia de impresora, sin adjuntar disquete. Tendrían que pedirlo para preparar las pruebas y sabría cuando entraba en imprenta.

Recibido el texto, Locatelli insistió la conveniencia de formalizar el contrato. Me atuve a lo dicho y me olvidé, suponiendo que no estaban dispuesto a poner lo que había mandado, al alcance del lector. Un día recibí los dos primeros títulos de la colección “Originales”. Mi obra aparecía anunciada en la solapa, con mi nombre y apellido. No habiendo visto pruebas, llamé a Locatelli para recordarle el compromiso.

Prometió traérmelas en persona, asegurando que con los nuevos métodos, había tiempo sobrado para salir en la fecha. Creyendo que ver mi nombre en las librerías, me obnubilaba, se presentó con las pruebas de los primeros Capítulos. Y sobre todo, con el contrato. Que se hubiesen tomado el trabajo de sacarlas del dedo, me asombró. Lo entendí apenas empecé a repasarlas. A más de nombres de plantas en latín, encabezando los Capítulos, por cierto con significado,cursilada añadida, de mi texto no quedaba ni el esqueleto.

Repasadas las primeras páginas, anuncié que retiraba la novela, porque el censurón no admitía negociaciones. Locatelli protestó. No podía hacerlo, pues estaba anunciada. Respondí que nadie está obligado a pager las consecuencias de imprudencias cometidas por tercero. En el colmo no sé si del cinismo o de la estupidez, alegó que la Editorial había cumplido lo acordado, pues no añadió palabra. Probé que al no haberlas dejado, llegábamos a la misma conclusión: a más de hacerme decir lo que no dije, se me hacía expresarme contra mis principios. Al día siguiente, acogiéndome a la Convención de Ginebra, que reconoce al autor derecho imprescriptible a la propiedad intelectual de su obra, reclamé por fax, remitido a nombre de la cabeza visible de la empresa, devolución inmediata del manuscrito y sus copias.

Debidamente documentado el hecho, pues anunciada la obra el editor no podría alegar rechazo, por razones literarias ode formato, denuncie censura probada, a más de flagrante. Miembro entonces de “Asociación Colegiada de Escritores de España”,- de la que me he dado de baja -, no conseguí la ayuda legal, que solicité, para llevar la cuestión a La Haya.

Cómo gran concesión, me permitieron denunciarla en breve artículo, aparecido en la “República de las Letras”, órgano de circulación restringida. Esto sucedió en 1999. En 1995, corregidas las segundas pruebas de una relato sobre lo sucedido en Palomare, escrito en 1968, que no apareció entonces, por haberlo prohibido la “censura descubierta” de Fraga, tuve que retirar la obra, corregidas las segundas pruebas, porque por el Instituto del Libro Almeriense, en último momento, pretendía quiso introducir las mismas modificaciones, que la censura en Fraga. Hará un año poco más o menos, la Editorial Nerea me pidió la biografía de Gaspar de Guzmán. Publicada la primera parte bajo el título de “Historia de una Conjura”, por la Diputación de Cádiz, en 1987, reservándome el derecho a vender la explotación de la obra a editoriales comerciales, agotada hace tiempo, al haber sido censurada la segunda parte, advertí a la editorial que no consentiría publicar otra vez separadamente. Aceptó, pero imponiendo extensión de 200 páginas, que parecen ser de rigor. Esta vez mandé el manuscrito, acoplado a la exigencia y completo, directamente por disquete. En abril del 2001 recibí carta, rechazando la obra, por excesivamente documentad y especializada, dado que los tales lectores, no pueden aceptar ni rechazar lo que no se les permite conocer, he decidido incluir la novela censurada por Roca, según quedó tras el recorte, que la dejó en las 200, es decir, en las condiciones en que fue anunciada. El texto que aparece en cursivas, es el que aparece en las pruebas, es decir, lo único que se pensaba publicar de los primeros Capítulos. Y en la forma en que se pensaba publicarlo. Al margen incluyo muestra. El resto fue suprimido.

Confieso que esta obra, es fruto de la indignación impotente. Partiendo de sucesos aparecidos en la prensa; del perfil que ya en el siglo pasado, prestan psiquiatras y psicólogos a los protagonistas habituales, de sucesos similares, surgió una novela policíaca al revés: los protagonistas, arquetipo del sádico sexual, no pretenden encontrar al criminal. Se exprimen las meninges, para ocultar su crimen, porque necesitan continuar cometiéndolo. Personajes, situaciones y lugares son ficticios. Pero confieso que de no haber aparecido en la prensa determinados hechos, nunca se me hubiese ocurrido escribir este relato. Lo hubiese considerado excesivamente alejado de la realidad, para ser plausible. Servirá al menos para despertar conciencias, alejando del lamentable camino, a los que son atraídos por invitaciones, en apariencia inocuas y hasta ventajosos. No tengo esperanza de avergonzar a los que usan semejantes prácticas. Por no tener, no tienen ni dignidad.

Espero que en Internet no suceda como en los “medios” y las editoriales. Que le libertad termina donde se empieza a decir lo que el poder no quiere escuchar.

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