El Necronomicon o Libro de las leyes de los muertos, es un tomo ficticio utilizado por H. P. Lovecraft y por otros autores del ciclo de los mitos de Cthulhu.

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Pero hay quien afirma que en realidad no se trataba de un libro inventado, y que Lovecraft tuvo acceso a dicho tomo saber arcano, de modo que en sus relatos en realidad estaba transmitiendo conocimientos esotéricos reales.

¿Hay algo de verdad en todo esto?

Si sigues leyendo, te lo aclararé en este artículo.

¿Qué es el Necronomicon?

El Necronomicon es un grimorio de magia medieval inventado por H. P. Lovecraft dentro de sus obras relativas a los mitos de Cthulhu.

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El título original del texto era Kitab Al-Azif, que en árabe significa el rumor nocturno producido por los insectos, y que en la mitología de esta cultura se identificaba con el murmullo que hacían los demonios del Islam por la noche.

Algunas de sus supuestas características nos describen al Necronomicon como un tomo antiguo con tapas que están hechas de piel humana.

La imagen más popular del libro se creó a través de sus representaciones en el cine, en películas como Evil Dead o El ejército de las tinieblas, en las que se nos muestra a un Necronomicon hecho con la piel de un rostro humano, y que tiene personalidad propia.

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Esta es la imagen popular más extendida del Necronomicon.

La mayoría de las versiones, sin embargo, suelen coincidir en lo que pasa si lees el Necronomicon: la lectura de este tomo maldito conduce irremisiblemente a la locura.

El autor del Necronomicon, que también es ficticio, era el poeta loco Abdul Alhzared, un yemení, que escribió este libro de magia en el siglo VIII.

En teoría el libro le había sido dictado por entidades de otras dimensiones, los dioses Antiguos de la mitología lovecraftiana, motivo por el que se había vuelto loco.

En la obra de Lovecraft, el autor del Necronomicon muere en mitad de un zoco devorado por una criatura de los mitos de Cthulhu, un vampiro estelar.

Posteriormente, el tomo adquiriría fama de maldito, al poder volver loco a quien osara leerlo, pasando a ser un libro prohibido, del que se intentaron destruir todas las copias, aunque algunas lograron sobrevivir a la quema.

Lovecraft y el resto de autores nos dejaron una detallada cronología de las diferentes copias hechas del Necronomicon a lo largo de la historia.

En la mitología del universo de los mitos de Cthulhu el Necronomicon constituye un objeto, aparte de maldito y peligroso, tremendamente poderoso.

Esto nos llevaría a otras dos preguntas, ¿qué oculta el Necronomicon y para qué sirve?

¿Sobre qué trata el Necronomicon?

La importancia del Necronomicon en la mitología lovecratiana radica en que contiene los hechizos necesarios para invocar a los Dioses Antiguos que y abrir las puertas dimensionales que les permitirían regresar a nuestro mundo, o despertar de las localizaciones geográficas en las que permanecen en estado de latencia, como en el caso del Gran Cthulhu.

La persona que averiguara cómo usar el Necronomicon podría, según las obras de Lovecraft, acabar con la vida humana en la tierra, tal y como expuso el autor en su relato El horror de Dunwich, donde el Necronomicon juega un papel fundamental.

Como puedes imaginar, esto desencadenaría el horror máximo y el final de la raza humana, situación que intenté recrear en mi relato Revelaciones, porque es otro de los tópicos de las narraciones de los mitos de Cthulhu que siempre se insinúa pero que raras veces ha sido desarrollado.

En principio, todo apunta a que el Necronomicon es falso.

Si esto es así, ¿por qué hay tanta polémica en torno a la existencia real del Necronomicon?

El Necronomicon, ¿existe realmente?

Esta polémica, que trataré de aclarar en este artículo, viene de diversas fuentes y, en parte, los propios autores y aficionados de los mitos de Cthulhu son culpables de ella.

Ya te contaba en este artículo que escribí como invitado en Excentrya, el blog de Jaume Vicent, que Lovecraft fue un maestro en dotar de verosimilitud sus obras, mezclando hechos y fuentes reales con otras ficticias.

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Lovecraft consiguió hacer dudar al público sobre la existencia de sus invenciones.

Hasta tal punto llegó su habilidad y la de los escritores que le rodeaban, que aún a día de hoy hay gente que busca el Necronomicon como si fuera real.

Muchos coleccionistas se han preguntado a lo largo del siglo pasado cómo conseguir el Necronomicon y dónde comprarlo, aunque la pregunta más frecuente a día de hoy en los buscadores es “dónde puedo descargar el Necronomicon“.

Para echar más leña al fuego, muchos aficionados a los mitos de Cthulhu han puesto su granito de arena en la propagación del mito creando fichas del Necronomicon en bibliotecas. Cuentan que incluso el propio Borges introdujo una ficha falsa sobre el libro en la Biblioteca Nacional de Argentina.

El mito sobre la existencia real del Necronomicon cobra aún más fuerza debido a que muchas personas, viendo que se había creado un nicho de mercado debido al interés de esoteristas y fans de Lovecraft excesivamente crédulos, decidieron publicar supuestas ediciones del Necronomicon que a día de hoy se pueden encontrar en las librerías de todo el mundo, llegando a ser complicado dilucidar con exactitud cuántos libros del Necronomicon hay.

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En otros casos, se han editado libros de ficción con este título que recogen los pasajes de este libro maldito que escribieron Lovecraft y otros autores de los mitos de Cthulhu para sus relatos, así como detalles cronológicos sobre la historia del libro dentro del universo de ficción de los mitos de Cthulhu, relatos basados en la biografía de Abdul Alhazred, etc.

Por último, para rematar todo este embrollo, algunos ocultistas han desarrollado sus propias “teorías inventor” basándose en aspectos de la biografía de Lovecraft sobre los que no se conoce mucho y en sus propias afirmaciones en plan “porque yo lo valgo”, así como en algunas falacias y confusiones históricas.

Pero pasemos a ver todo esto punto por punto.

Necronomicon, un hoax anterior a internet

Aunque a estas alturas habrá poca gente que no esté familiarizada con el término, un hoax básicamente es un bulo que se extiende por Internet, una noticia falsa o un hecho ficticio, pero a los que se dota deliberadamente de credibilidad para hacer que se extiendan, a veces con fines criminales para realizar estafas, otras para hacer campañas de marketing viral, y en otras ocasiones por diversión y puro amor al troleo.

Como en otras cuestiones que ya te contaba en este artículo (la creación del terror moderno), la obra de Lovecraft se adelantó a su tiempo, y en esta faceta también lo hizo, creando un juego metaliterario que perdura hasta nuestros días.

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Sabemos que el Necronomicon es una invención de Lovecraft que fue ampliada por diversos autores del ciclo de los mitos de Cthulhu por varias razones:

– El propio Lovecraft lo afirma en varias cartas y documentos escritos.

Pues sí, hay documentos históricos que lo demuestran, y esto es una realidad irrefutable.

Lovecraft contó en más de una ocasión que Abdul Alhazred era un alias que él utilizaba de pequeño para sus juegos imaginarios, inspirado por la lectura de Las mil y una noches y que encerraba un ingenioso juego de palabras de los que tanto gustaban a este autor: Alhazred es igual fonéticamente en inglés a “All has read“.

Por lo tanto, Abdul Alhazred podría traducirse por Abdul “El que lo ha leído todo”.

Y no es el único alter ego de Lovecraft que aparecería en las obras de los mitos de Cthulhu, pues entre este círculo de escritores se gastaban bromas y frecuentemente se incluían unos a otros en sus relatos en forma de trasuntos literarios.

Así, Lovecraft firmaba sus cartas como “El sumo sacerdote Ech-Pi-El”, transcripción fonética inglesa de sus iniciales H. P. L., que posteriormente aparecería como personaje en alguno de los relatos de los mitos de Cthulhu como un sacerdote de una secta.

-Lovecraft siempre dejó constancia de que era un materialista y un escéptico en lo referente a temas sobrenaturales.

Ya te lo conté en este artículo sobre la obra de Charles Fort, de la que Lovecraft se declaraba seguidor, pero solo como fuente de inspiración.

Como ya te comentaba, Lovecraft pensaba que todo esto eran supercherías, pero las usaba por su gran capacidad evocadora.

A menudo afirmaba en su nutrida correspondencia, que ha sido publicada por diversas editoriales, que contemplaba todo “ocultismo” como signo de debilidad mental.

El secreto de por qué el Necronomicon caló tanto entre los ocultistas, era que el genio de Providence era un maestro dotando a sus obras de verosimilitud histórica, pues mezclaba elementos reales con otros de su invención.

Por eso su obra encaja tan bien con muchas tesis ocultistas: plantea la existencia de seres extradimensionales con los que se puede contactar y que están en otras dimensiones paralelas.

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Como Colin Wilson (del que te hablaré más adelante) afirmaba en la introducción que hizo para el libro Necronomicon: The books of dead Names:

Robert Turner y yo nos conocimos a través de nuestro mutuo interés por el ritual mágico. Me intrigó cuando me dio a conocer su teoría de que la mitología de Lovecraft estaba basada en una antigua tradición mágica, tanto más cuanto me dijo que había hallado una de sus principales pistas en mi propio libro The Strength of Dream, en el que comparo la mitología de Lovecraft a la de Madame Blavatsky.

Había indicado que Madame Blavatsky habla de “ruinas ciclópeas y piedras colosales” en La doctrina secreta (vol. 2, p. 341). Y La doctrina secreta es, básicamente, un inmenso comentario sobre “el más viejo manuscrito del mundo”, The Book of Dzyan; Madame Blavatsky aseguraba poseer el Libro escrito en “una colección de hojas de palma que, mediante un proceso desconocido, son impenetrables al agua, al fuego y al aire”. Como la mayoría de los no teosofistas, siempre me he inclinado a considerar que The Book of Dzyan era una invención de aquella taimada vieja ocultista. Pero personas muy reputadas, incluyendo el conocido budista Christmas Humphreys, han asegurado creer en su autenticidad.

Un escritor, Sri Madhava Ashish, ha dedicado dos libros a analizar las Stanzas de Dzyan en la suposición de que son, lo que Madame Blavatsky aseguró que eran.

Tuve que coincidir con Robert Turner en que si The Book of Dzyan era auténtico, bien podría ser el origen del Necronomicon. Desgraciadamente, esto también es válido aunque fuera invención de la propia Madame Blavatsky, porque Lovecraft pudo haber tomado parte de su mitología de The Secret Doctrine.

Y Aquí está la clave, realmente Lovecraft sí que usó textos ocultistas para crear sus ficciones, pero como mero elemento de atrezo literario, como no se cansó de afirmar a todos sus conocidos, igual que seguía la labor del investigador paranormal Charles Fort, pero sin dar crédito a sus investigaciones, que solo usaba como fuente de inspiración para su ficción.

De hecho, El libro de Dyzan, un viejo conocido de cualquiera que haya jugado al juego de rol de la llamada de Cthulhu, es usado por muchos autores de los mitos de Cthulhu en sus relatos como un elemento narrativo.

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Supuestas páginas interiores del Libro de Dyzan

Y es que el Necronomicon, como elemento literario, es irresistible para cualquier autor de terror que se precie.

Su ambigüedad histórica es tan evocadora que es imposible resistirse a entrar en este juego metaliterario.

Yo mismo lo hice en mi personal homenaje a Lovecraft, mi novela de terror lovecraftiano y humor Imposible pero incierto.

L. Sprague de Camp, otro de los responsables.

Este autor de fantasía y ciencia ficción es responsable de una de las biografías de Lovecraft, Lovecraft: una biografía, y era admirador de su obra.

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El autor en sus años mozos.

Siguiendo la estela de su admirado autor, Sprague de Camp creó su propio hoax literario.

En 1973, publicó Al Azif, El Necronomicon.

En un prólogo, Sprague contaba el libro se basaba en un manuscrito que había conseguido en Bagdad.

Según Sprague, se lo había comprado a un miembro de la Dirección de Antigüedades de la Administración General iraquí durante su estancia en oriente Medio en 1967, asegurando que tres eruditos árabes, después de haberse comprometido a traducirlo, habían desaparecido, y que esto se debía probablemente a haber susurrado las palabras mientras las escribían.

Colin Wilson y su “Estudio sobre el Necronomicon”.

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¿Cómo lo lleváis, muchachada?

Colin Wilson, además de escribir ficción, investigó en su faceta de filósofo la metafísica y el ocultismo en profundidad , llegando a publicar en 1971 su libro Lo oculto, en el que analizaba la vida y obras de grandes figuras de las ciencias ocultas como Aleister Crowley (que también juega un papel relevante en esta historia que te estoy contando), Helena Blavtsky, Rasputín y Paracelso, entre otros.

Wilson, además tenía una historia de amor-odio con Lovecraft y su obra.

Mientras que en su ensayo The Strength to Dream ponía a Lovecraft a caer de un burro cuestionando su calidad literaria y su persona, por otro lado elogiaba algunas obras de Lovecraft, como su relato corto de terror En la noche de los tiempos, llegando a afirmar que era una buena obra dentro de la ciencia ficción, género que Lovecraft también trabajó, aunque no lo parezca, como te contaba en este artículo que escribí para el blog El rincón de Cabal.

Augusth Derleth, guardián de la obra de Lovecraft y encargado de relanzar la obra del genio de Providence para que alcanzara reconocimiento póstumo, se indignó ante las declaraciones que atacaban a su maestro, y desafío a Wilson a que escribiera una historia de los mitos de Cthulhu.

Y aquí es donde comienza la relación de este autor con la obra de Lovecraft y su conexión con el Necronomicon.

Este desafío dio lugar a varias obras de los mitos de Cthulhu. En una de ellas, el relato largo El regreso de los Lloigor, que reseñé en este artículo, Wilson incluye una copia del Necronomicon como elemento narrativo.

En la edición extra número 2 de la revista Mundo Desconocido, Andreas Faber Kaiser publicó en nuestro país un texto de Wilson titulado Estudio sobre el Necronomicon.

Sin embargo, la publicación de Faber Kaiser no advertía que dicha obra era en realidad un extracto del libro Necronomicon: The books of dead Names, publicado en 1992 por el editor George Hay con una introducción de Collin Willson.

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En este texto Wilson plantea paralelismos entre la obra de ficción de Lovecraft y la obra del ocultista Aleister Crowley, puesto que este último escribió un libro que, en teoría le había sido revelado por una entidad de dimensiones paralelas, un ser que se le presentó como Aiwass, pero afirma que no existe constancia de que Lovecraft tuviera conexión alguna con Crowley.

Esto será de gran importancia más adelante, porque es una de las principales fuentes del del mito sobre la existencia real del Necronomicon.

Cuenta Wilson en su introducción, que otros autores retomaron esta idea, la de que, en realidad, los relatos de Lovecraft eran textos revelados.

En El retorno de los brujos, Louis Pauwels y Jaques Bergier plantean la hipótesis de que algunos escritores de fantasía y terror, como Lovecraft y Arthur Machen plasmaron en sus relatos cosas que más tardes se demostraron como ciertas.

Para estos autores era significativo el hecho de que Machen perteneciera a una orden esotérica, la Golden Dawn, y pensaban que lo que plasmó en sus relatos eran conocimientos arcanos que había adquirido mediante su pertenencia a dicha orden, a la que también pertenecía, y vuelve a aparecer en la historia Aleister Crowley.

No es esta la única conexión entre literatura y esoterismo que se achaca a la Golden Dawn, pues a ella pertenecían muchos escritores, como Bram Sotker, por lo que también se ha especulado sobre un posible tridente catacrocker Crowley-Stoker-Vlad Tepes, como te contaba en este artículo.

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Yo mismo he jugado con esta idea en mi relato corto En la guarida del gran Dios Pan (que puedes leer aquí gratis), en el que el propio Lovecraft trata de averiguar el secreto que se ocultaba tras la obra de Machen, que era uno de los autores más admirados por Lovecraft.

Este libro, el Necronomicon de Hay, es una de las principales fuentes de confusión respecto a la existencia real del Necronomicon como grimorio de magia verdadero.

En su introducción, en la mejor tradición lovecraftiana, Wilson hilvana personajes inventados con otros reales, y con elementos reales de historia, ocultismo y esoterismo, campos en los que era un erudito, haciendo realmente difícil separa el grano de la paja.

Para aclarar todo esto, he acudido a instancias Cthulianas más altas.

Aitor Solar, responsable del blog Disportancia, experto en Lovecraft, responsable de la web lovecraftiana Leyenda.net, escritor de terror y traductor a nuestro idioma de La enciclopedia de los mitos de Cthulhu, me contaba en un email que el Necronomicón de George Hay, fue una especie de recopilación de ensayos de ficción sobre la vertiente ocultista de la obra de Lovecraft.

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Aitor solar, escritor de relatos lovecraftianos y responsable de Leyenda.net

Wilson básicamente se lo inventó casi todo, de hecho había tenido una discusión muchos años atrás con Derleth porque le parecía que HPL representaba pobremente el potencial filosófico del horror cósmico. Es posible que algún dato sea correcto (al fin y al cabo Wilson sabía de lo que hablaba), pero el libro entero fue una especie de broma metafísica.

La introducción de Wilson al Necronomicon es tan convincente y está tan bien hecha, que no me pude resistir a incluirla en la trama de mi novela de fantasía cómica lovecraftiana Imposible pero incierto [una novela de horror có(s)mico].

Como su propio nombre indica, en esta novela quise homenajear estos juegos metaliterarios que tanto gustaban al genio de Providence y en los que intentaba hacer dudar al lector sobre la realidad de lo que contaba.

Para ello, incluí en la trama elementos de la propia biografía del autor, y en el blog creé una sección en la que se pueden consultar pistas y documentos relativos a cada capítulo para ampliar la información sobre determinados aspectos de la trama y que dan veracidad a la historia.

Uno de los de los documentos que incluí fue una supuesta carta que Wilson recibía de Un tal Dr. Stanislaus Hinterstoisser.

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En ella, el enigmático doctor afirmaba que Winfield Lovecraft, el padre de Howard Phillips Lovecraft, había sido Francmasón Egipcio, y que poseía dos grimorios de magia medieval:

– El Picatrix de Maslama ibn Ahma al-Magriti y

The Book of the Essence of the Soul de Godhizer.

Esto fue una estupenda casualidad para mí, porque ya había decidido incorporar al Picatrix y a su autor, Maslama el Madrileño, como parte de la trama de mi novela, porque, si hay un personaje histórico real en el que podría haberse basado Lovecraft para idear la biografía del Abdul Alhazred, sin duda sería Maslama. 

Por resumir la enrevesada conexión que inventa Wilson, y que ha sido usada como principal argumento por los ocultistas y estudiosos de los fenómenos paranormales que afirman la existencia real del Necronomicon (sin saber que fue solo un ingenioso ardid de Wilson),  la línea de los hechos se resume así:

Winfield Lovecraft, padre de H. P. Lovecraft, habría pertenecido a una logia de Francmasonería egipcia de Boston.

– La Francmasonería egipcia se la inventó un personaje histórico, el ocultista Cagliostro.

– Según Wilson/ Hinterstoisser Clagliostrio tenía en su poder un grimorio escrito por un tal Alkindi que recopilada saberes mágicos anteriores al hombre. Esta recopilación de Alkindi fue rebautazada como El Libro de los Nombres Secretos, que constaría de dos volúmenes. El capítulo noveno del segundo volumen se titulaba “De la historia de los Antiguos”.

Winfield Lovecraft habría robado/recibido este libro, y en realidad la locura no se la había causado la sífilis, sino la lectura de este libro.

– Posteriormente Lovecraft había encontrado en casa este libro, y se había basado en el capítulo “De la historia de los Antiguos” para inventar su Necronomicon.

– Para terminar de redondear el hoax, Wilson/ Hinterstoisser afirmaba que este manuscrito de Alkindi había estado en la bibiolteca de Rodolfo II, rey de Bohemia, donde John Dee, otro ocultista histórico real, que según Lovecraft había traducido una copia del Necronomicon, lo copio, aprovechando la coincidencia histórica de que John Dee y Edward Kelly estuvieron varios años en Praga durante este periodo.

El Necronomicon y la “conexión” entre Lovecraft y Aleister Crowley

Ya te hablé del maravilloso tridente catacrocker entre Aleister Crowley, Lovecraft y los extraterrestres grises en este artículo.

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Pero para poder desmentir de una vez por todas que H. P. Lovecraft tuvo un contacto con Aleister Crowley debo volver a tratar el tema con un poco más de profundidad.

En primer lugar, los defensores de esta conexión,para justificar que el Necronomicon es real y existe fuera de las obras de ficción de los mitos de Cthulhu, se basan en una falacia histórica:

Que Lovecraft conoció a Aleister Crowley en persona.

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Aleister Crowley, un tipo muy normalito.

Esta falacia histórica se debe a Colin Low, autor de la obra Necronomicon Anti-FAQ, que aprovecha la posibilidad de que Crowley conociera a la que fue esposa de Lovecraft, Sonia Greene.

Crowley se hallaba en Nueva York en 1918, y supuestamente conoció a Greene en una cena de un club de lectura.

Según este autor, Sonia Green matendría un affair de algunos meses con el mago británico.

Pero realmente no hay datos históricos que demuestren esto.

Según Low, cuando Lovecraft conoció a Greene (parece el título de una peli), esta le habló de lo que Crowley le había contado sobre el Necronomicon.

A pesar de que es cierto de que las primeras menciones de Lovecraft al Necronomicon aparecen tres meses después de que el genio de Providence conociera a su futura mujer, en el relato El sabueso, en octubre de 1921, las primeras menciones sobre Abdul Alhazred, el autor del Necronomicon, aparecen en La Ciudad sin Nombre (escrita 9 meses antes, en enero de 1921) , seis meses antes de que Lovecraft  conociera a Greene

A esto hay que añadir que Crowley nunca mencionó el nombre de Necronomicon ni a Lovecraft en ninguno de sus escritos, ni se conoce ninguna otra mención al tema por su parte.

El encargado de remachar este mito para que se perpetuara a posteridad entre los amantes del misterio y lo esotérico fue un discípulo de Crowley: Kenneth Grant, que posteriormente formaría su propia logia de magia, La Orden Tifoniana.

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Grant afirmó que, en realidad, Lovecraft sí que tuvo contacto con seres de otras dimensiones, pero no quiso admitirlo dado su racionalismo, por lo que lo plasmó en forma de relatos.

Esta negación a aceptar como real lo que le decían dichas entidades lo volvió loco.

Como vemos, el tío lo dijo porque sí, porque yo lo valgo, basándose en algunas coincidencias entre las obras de Crowley y Lovecraft, a saber:

  • La mitología de Lovecraft tenía un libro central el Necronomicon, la de Crowley el Libro de la Ley.

 

  • Según Grant, ambos libros habían sido dictados por entidades de otras dimensiones.

 

  • Crowley llamaba a estas entidades los Grandes Antiguos, y Lovecraft los llamaba Los Antiguos.

 

  • Lovecraft habla del Yermo Frío (la meseta de Leng) y Crowley habló del Yermo Frío llamado Hadith.

 

  • Lovecraft habló del gran Cthulhu que yace soñando en R’lyeh, Crowley del sueño original de los Grandes Antiguos.

Porque, además, el propio Grant, que fue discípulo de Crowley afirma en uno de sus libros tanto el nombre como la obra de Lovecraft eran desconocidos de Crowley.

Esto demuestra que la conexión Lovecraft-Crowley es una auténtica patraña.

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El Necronomicon de Simon, se puede comprar hasta en Amazon

Viendo que, a fin de cuentas, los “Necronomicones” falsos tienen su público, ha habido quienes han decidido seguir aprovechando el filón.

En este contexto, en 1977 apareció el Necronomicon de Simon, que mezcla elementos de la mitología de oriente medio (Sumeria, Asiria, Babilónica) con otros de la obra de H. P. Lovecraft o de las doctrinas ocultistas de Aleister Crowley.

Su autor, un escritor anónimo que solo se identifica por le nombre de Simón, que hasta donde sabemos no tiene nada que ver con el del vino y los zumos de frutas Don Simón, afirma que le llegó por vía de un misterioso monje una traducción griega del Necronomicon, aunque se sospecha que detrás de este seudónimo se oculta el escritor y experto en ocultismo Peter Levenda.

Este libro es un claro ejemplo de un batiburrillo que intenta aprovechar el triángulo catacrocker Lovecraft-Crowley-Sonia Greene para sacarle los cuartos a los ocultistas incautos, y quien sabe si para echarse unas risas.

En su introducción Simón advierte que el uso del libro puede desatar fuerzas poderosas y muy peligrosas.

Ahí es nada.

Uno de los principales puntos para pensar que el libro es una paparrucha fruto de la mente de un cachondo o de un desequilibrado peligroso, o de una persona con ambas características, es el hecho de que estructura los mitos como una lucha entre el bien y el mal, pues expone que los Dioses Antiguos están en constante lucha con Los Ancianos, siendo unos los buenos y los otros los malos, lo que va completamente contra la esencia del horror cósmico de Lovecraft, en el que el bien y el mal son solo conceptos relativos creados por la mente humana, y el ser humano está solo en un universo plagado de fuerzas hostiles frente a las que es un ser minúsculo e insignificante.

Espero que no te hayas aburrido con este tocho, y que se hayan despejado tus dudas sobre si el Necronomincon es real o no, que va a ser que no.
Si te apetece leer una historia en la que el Necronomicon, el Picatrix, y el propio Lovecraft, juegan un papel en la trama, puedes echarle un vistazo aquí a los primeros 7 capítulos de mi novela de horror cósmico lovecraftiano y humor Imposible pero incierto (y también puedes conseguirla enterita ahí).

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¿Qué te encontrarás en ella? Rituales arcanos en la Mezquita de Córdoba, reanimación de cadáveres a partir de sus sales esenciales al más puro estilo de El caso de Charles Dexter Ward, descendientes del clan de brujos de los Whateley de Dunwich, horrores de otras dimensiones espaciotemporales, monstruos tentaculares ocultos en oscuras cuevas subterráneas, etc.
Y si quieres leer un libro de fantasía cómica urbana con elementos de terror (pero sin elementos de los mitos de Cthulhu) gratis, suscríbete al blog por email y recibirás en tu email Historias que no contaría a mi madre.

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