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¿Alguna vez te has preguntado si hay un más allá? ¿Qué pasa cuando morimos? ¿Está la ciencia investigando estos temas? ¿Son ciertos los testimonios de la gente que ha estado a punto de morir y se han visto a sí mismos fuera de su cuerpo en un túnel de luz?

Si continuas leyendo esta entrada puede que obtengas algunas respuestas.

Introducción

Si eres nuevo en el blog, te cuento de qué va esto. Las entradas de esta categoría tratan temas relacionados con El Misterio desde el punto de vista de una persona cualquiera que ha intentado aproximarse a ellos, en este caso mi propia persona, intentando mantener una actitud intermedia entre el escepticismo y la credulidad absoluta.

En el primer episodio de esta sección ya hablé de mi viaje por Rumanía tratando de hacerme una idea de cuánto había de cierto y cuánto no en torno al mito del vampirismo y a Vlad Tepes, la figura histórica en la que se basó Bram Stoker para crear al Conde Drácula (si te interesa puedes  leerlo aquí)

Tal y como te he comentado, estos artículos tratan de mi experiencia con estos temas.

He de aclarar que no he sufrido ninguna Experiencias Cercanas a la Muerte. En este caso mi experiencia en el tema se reduce a un testimonio de una persona cercana a mis círculos que sí la tuvo, y que me resultó sorprendente, por un motivo que aclararé más adelante  y que cambió completamente mi visión respecto a este fenómeno.

¿Qué son las Experiencias Cercanas a la Muerte?

Este podría ser un buen resumen de en qué consiste una experiencia cercana a la muerte (en versión latina).

Aunque podrían corresponderse con términos tan evocadores como Expertos Catadores de Mierda o Extraordinarios Caballos Mandarines, las siglas ECM, como ya habrás imaginando, corresponden a Experiencias Cercanas a la Muerte.

Hay toneladas de escritos sobre el tema, por lo que intentaré ser lo más sintético que me sea posible.

Las ECM son experiencias en las que una persona que está a punto de morir por una enfermedad o un trauma físico grave, y que está inconsciente o en coma, se ve a sí misma fuera de su cuerpo, puede oír las conversaciones a su alrededor, y normalmente tras esto asciende a una especie de túnel de luz, en al final del cual hay familiares o amigos difuntos, que lo instan a que regrese a la vida, porque aún no es su momento.

Esta vivencia suele ira acompañada de una sensación de plenitud y paz, hasta tal punto que muchos de los “regresados” se lamentan de no haber podido quedarse al otro lado del túnel.

Cuando regresan pueden contar con pelos y señales los detalles que han visto desde fuera de su cuerpo y las conversaciones de la gente que había a su alrededor.

Además, por regla general, la visión de la vida de las personas que han pasado por esta experiencia cambia,  convirtiéndose en personas más espirituales, más vitales, por su convencimiento de que esta vida es tan solo un estado de transición, por lo que le pierden el miedo a la muerte, y lo que es más importante, le pierden el miedo a la vida.

El porcentaje de individuos que la experimentan es reducido. Dependiendo de la estadística que se consulte el dato varía entre el  10 o, en el mejor de los casos, 20 %.

Antecedentes del fenómeno de las Experiencias Cercanas a la Muerte

El de las ECM  es uno de los temas más interesantes porque es uno de los fenómenos “paranormales” en los que la investigación científica está siendo más intensa y sistemática, y su estudio ha generado un debate importante en el mundo científico

Quien levantó la liebre sobre este tema fue Raymond Moody en 1957 con la publicación de su libro Vida después de la vida. 

Este Doctor en medicina y filosofía, que había trabajado como siquiatra forense en el Hospital de máxima seguridad de Georgia, realizó un estudio con 150 personas que habían estado en muerte clínica, y decían haber pasado por esta experiencia.

Desde entonces mucho se ha debatido en la comunidad científica sobre el tema.

Las principales objeciones a la investigación del Dr. Moody fueron que se trataba de un estudio cualitativo, basado solo en testimonios, algunos ellos recopilados años después de que los sujetos hubieran vivido la experiencia, por lo que no ofrecía ningún dato o evidencia concluyente.

Pero hay pistas que apuntan a que este fenómeno acompaña a la humanidad desde tiempos muchos más antiguos.

Una de ellas la aporta Jerónimo Bosch, El Bosco, en  una pieza,  constituida por un cuadrante formado por tablas o paneles llamados: El paraíso terrenal, La caída de los condenados, El infierno y Subida al empíreo

Este conjunto pictórico refleja la concepción del más allá de acuerdo con la tradición teológica judeo-cristiana, describiendo el  transitar del alma hacia y por otra dimensión, luego de la muerte.

De este cuadrante hay que hacer especial hincapié en la imagen titulada Subida al Empíreo.

Esta pintura, que data de 1500-1504, refleja una escena que coincide con estos testimonios de forma más que notable.

Lo que dice la ciencia

Uno de los factores que hace sospechar en torno a este fenómeno es que existen testimonios de que algunas de las personas que lo experimentan describen encontrarse en el túnel con figuras pertenecientes a su ámbito religioso (Jesucristo, Ángeles, Mahoma, o El Pato Donald [este último es coña, pero molaría]).

A mi me gustaría encontrarme a Obi Wan Kenovi,  pero interpretado por Alec Guiness, que es el auténtico, y no el otro que parece un perroflauta galáctico.

star-wars-humor-jedi-perroflauta

Amigo, dame una monedilla para un bocadillo de midiclorianos.

Esto parece ser un indicio de que la experiencia puede variar en algunas ocasiones en función de las creencias religiosas del individuo, lo cual representa un factor de subjetividad notable.

La explicación científica tradicional

http://es.wikipedia.org/wiki/Experiencias_cercanas_a_la_muerte

Así mismo, en una situación de hipoxia cerebral, la corteza visual se desinhibe, de modo que las neuronas empiezan a dispararse anárquicamente. Dado que el 90% de las células de la retina (y, por tanto, del córtex visual) están en la fóvea, en la región central del campo visual, la percepción que se tiene de ese disparo aleatorio es la visión de un centro más iluminado que se va ampliando según más células empiezan a descargar.

Se ha intentado refutar esta teoría de la anoxia basándose en que las personas que han sufrido una ECM han sido capaces de razonar con claridad, mientras que en la hipoxia sabemos que ocurre lo contrario, pues se caracteriza por una capacidad de juicio reducida y un pensamiento errático. Sin embargo, quien dijo esto no tuvo en cuenta que esa clarividencia no se ha determinado objetivamente, sino que se basa en la impresión subjetiva de quien ha sufrido la ECM, en cuyo caso sí concordaría. De hecho, ese es el principal problema de los pilotos que vuelan en condiciones de bajo oxígeno: su capacidad mental está disminuida, pero ellos se sienten eufóricos, “iluminados” (parecido a una borrachera).

(…)

En cualquier caso, de todas las explicaciones proporcionadas sobre una base fisiológica, no todas parecen plausibles, y, de las verosímiles, ninguna cubre todos los sucesos que ocurren en una ECM. Además de que también hay descritas ECM’s en ausencia de daño físico, donde la relevancia de estos mecanismos fisiológicos quedaría muy en entredicho.

Sin embargo, personas a las que se estaba monitorizando, y que mostraban un encefalograma  plano, que es indicativo de que no hay actividad cerebral,  han sido capaces de tener ECM, según afirma el Dr. Pim van Lommel.

Para aclarar toda esta controversia, y con el fin de tratar de objetivar las investigaciones sobre el fenómeno, el Dr. Sam Parnia desarrolló el Proyecto AWARE (que en inglés significa ‘ser consciente’).

El proyecto AWARE

El planteamiento es muy ingenioso.

Consiste en colocar en los quirófanos objetos o imágenes llamativas que solo sean visibles desde el techo.

Si es cierto que las personas tienen la experiencia de la ECM, a su regreso de la misma deberían ser capaces de describir dichos objetos, cuya existencia desconocían previamente, teniendo así una prueba objetiva de la realidad del fenómeno, dado que para el cuerpo del paciente es imposible visualizar dichos objetos desde la camilla (sin contar que el paciente normalmente entra en la sala en un estado de inconsciencia).

Es un estudio intensivo de tres años sobre las experiencias fuera del cuerpo. Nombrado AWARE (Awareness during Resuscitation), es un estudio que ha tenido una duración de tres años. En él han colaborado 25 centros médicos de los Estados Unidos, Canadá  y Europa.

Se han estudiado  1.500 casos de supervivientes a ataques cardíacos.

El propio Dr. Parnia  aclaraba a la revista TIME  en qué consiste el proyecto:

La única manera de determinarlo es tener fotos sacadas desde el techo de la habitación, porque la gente asegura que pueden verlo todo desde el techo de la misma. Por lo tanto, si nosotros obtenemos una serie de 200 o 300 personas que estuvieron clínicamente muertas, y que pudieron volver de ese estado y contarnos que es lo que nosotros estábamos haciendo en la habitación durante ese lapso de tiempo y comparamos sus relatos con las fotos sacadas desde el techo, podremos así confirmar si su estado de consciencia realmente continuó a pesar de que su cerebro no estaba.

Estado actual del proyecto

Tal y como puede verse en la página web de la fundación que está llevando a cabo el proyecto los resultados se han remitido a una revista de medicina y están siendo revisados para su posterior publicación.

Dado lo estricto del proceso de revisión científica, este proceso puede llevar varios meses.

Otro factor de controversia científica: El caso del Dr. Eben Alexander

El Dr. Eben Alexander es un neurocirujano que experimentó una ECM en 2008 mientras estaba en coma por una meningitis. 

La experiencia le impresionó tanto que le llevó a escribir un libro, Proof of Heaven: A Neurosurgeon’s Journey into the Afterlife (2012), en el que narraba su experiencia en el más allá.

Tan convencido quedó el hombre que cambió por completo su enfoque respecto a este tema (que hasta el momento era de un escepticismo total, atribuyendo este proceso a meras reacciones fisiológicas derivadas de la falta de oxígeno) por un enfoque no ortodoxo, afirmando la posibilidad de que la conciencia pueda disociarse del cuerpo y acceder a otro estado de existencia.

La historia de Alexander fue portada en la revista Newsweek en octubre de 2012.

Para saber  más sobre el caso de Eben Alexander puedes consultar estas magníficas traducciones de Luis Yepes.

El propio doctor Alexander exponía así las conclusiones de su experiencia.

“Antes de mi ECM, compartía plenamente la teoría de las neurociencias según la cual el cerebro genera la conciencia y todo lo demás, y que cuando el cerebro muere desparecen la conciencia, el alma y la mente. Ahora, después de haber estado en coma, puedo decir que eso es un error y que la mente y la conciencia son independientes del cerebro”.

La principal objeción de parte de la comunidad científica se basa en que el doctor Alexander afirma que la prueba de la veracidad de sus visiones tuvo lugar mientras su corteza cerebral estaba completamente desactivada y carente de toda actividad, pero, dado que salió del coma, su actividad cerebral en algún momento tuvo que reanudarse, por lo que no hay forma de establecer en que punto tuvo lugar la ECM, si fue mientras el cerbro estaba “desactivado” o durante los primeros momentos del reinicio de su actividad.

Como buen científico que es, el Dr. Eben respondió a estas críticas en un segundo artículo de Newsweek, que fue publicado en noviembre de 2012:

“Mis sinapsis – los espacios entre las neuronas del cerebro que soportan la actividad electroquímica que hace esta función cerebral, no solo se vio comprometida durante mi experiencia. Estuvo detenida. Solo los focos aislados de las neuronas corticales profundas seguían con una pulverización catódica, pero no las amplias redes capaces de generar algo parecido a lo que llamamos “conciencia”, pues las bacterias E. coli que inundaron mi cerebro durante mi enfermedad, se encargaron de eso. Mis médicos me han dicho que de acuerdo a todas las pruebas del cerebro que hicieron, no había manera de que funciones como la visión, la audición, la emoción, la memoria, el lenguaje o la lógica hubiesen quedado intactas.”

Mi primera conclusión sobre el tema

Algunos científicos  de vanguardia, como Stuart Hameroff  plantean la hipótesis de que la conciencia se encuentra relacionada con el citoesqueleto, concretamente con los microtúbulos celulares, que es un conjunto de “tubitos” que sirven de esqueleto a las células y que realizan gran variedad de funciones fisiológicas en las mismas.

Parece ser que la conciencia no radica en el cerebro, sino que está deslocalizada en todo el cuerpo, y puede ser que trascienda al propio cuerpo físico en algunas ocasiones, lo que explicaría fenómenos como las ECM o los viajes astrales.

Pero, ¿cuál es mi experiencia con las Experiencias Cercanas a la Muerte? 

Había oído a Íker Jiménez hablar del sorprendente parecido de La ascensión al empíreo con los testimonios clásicos de las ECM, pero me he sorprendido aun más al ver como otra otra imágen que pertenece al conjunto de cuatro póstigos pintados por El Bosco coincide perfectamente con los testimonios de un porcentaje de sujetos que han experimentado las Experiencias Cercanas a la Muerte en un sentido inverso

Esta imagen se llama La caída de los condenados.

Aquí es donde entra mi experiencia con este aspecto de lo misterioso.

Una persona cercana a mis círculos, que había sufrido una larga y grave enfermedad, accedió a contarme su experiencia.

Me advirtió que prestara atención, pues el mero hecho de volver a rememorarla le resultaba desagradable, y no quería tener que extenderse en ello.

Mientras estaba convaleciente por su enfermedad, una noche, mientras dormía, sufrió un infarto:

Sentí un fuerte dolor, y en ese momento supe de que me estaba muriendo. Vi mi cuerpo tumbado en la cama.

Una de las esquinas del techo de la habitación comenzó a ganar profundidad, no sabría explicarlo,  pero de alguna forma el ángulo de la esquina se convirtió en una especie de agujero negro, que me absorbió.

Me vi entonces en un lugar oscuro en el que había siluetas de sombras a mi alrededor que me daban mucho miedo. Lo único que sentía en ese lugar era dolor, angustia y miedo.

Este testimonio me impactó, no solo por el hecho de que el caso de esta persona coincidía punto por punto con todo lo que había escuchado o leído sobre el tema (cambió radical de la forma de ver la vida, mayor positividad y espiritualidad, etc.) , sino por su expresión de angustia al rememorar los hechos. Mientras me lo contaba su mente estaba retornando a ese lugar sombrío y terrorífico,  estaba reviviendo el recuerdo de la forma en que solo las experiencias realmente vividas pueden evocarse.

La vivencia había sido tan fuerte que esta persona había tenido que ser tratada por el siquiatra José Miguel Gaona (que resultará conocido a quienes sean aficionados a estos temas) por el trauma que le había causado.

Precisamente este doctor acaba de publicar un libro respecto a este tema

De acuerdo con el propio Dr. Gaona, un 3 o 4% de las personas que experimentan ECM pueden tener experiencias “infernales. No tienen que ver con escalas de valores o “malos actos” moralmente reprobables.

Ciertamente la persona que me contó su testimonio es una persona normal, conocida por ser generosa, buena con sus amigos, y no especialmente religiosa, hasta donde la conozco.

Se podría pensar, en última instancia, que estas visiones podrían estar inducidas por haber contemplado estos cuadros del Bosco, pero lo veo francamente improbable.

Estas obras no son tan usuales como por ejemplo El jardín de las delicias, que si es una obra más difundida de este autor.

Además, en el caso que os cuento, me consta que la persona no era aficionada al arte.

Yo mismo había oído hablar de la semejanza de la ascensión al empíreo con las Experiencias Cercanas a la Muerte “positivas”, pero no ha sido hasta la investigación para redactar este artículo que he conocido este otro lienzo, La caída de los condenados.

Todo esto me hizo preguntarme, ¿por qué una persona normal ha sufrido este tipo de experiencia?

Investigando he encontrado este artículo del Instituto de Investigaciones Clínicas ¨Dr. Américo Negrette¨, de la Facultad de Medicina, Universidad del Zulia y Centro de Investigaciones Biomédicas IVIC-Zulia. Maracaibo, Venezuela,  extraído de la Scientific Electronic Library Online:

Las experiencias desagradables han sido poco estudiadas porque son menos frecuentes que las agradables.

En 1978, fueron descritas inicialmente por Rawlings.

En 1979, Garfield  reportó 47 ECM en pacientes con cáncer, en los cuales encontró tantas visiones positivas como negativas (flotar en el vacío, constricción en un túnel o ambos). Lindley y col.  encontraron 11 (20%) ECM negativas en 55 casos estudiados.

En 1985, Grey reportó 12% de experiencias terribles en 39 casos de ECM. Atwater observó 105 experiencias desagradables en unos 700 casos de ECM estudiados. Serdahely señaló que en 12 casos de ECM, el 33% consideró la experiencia como desagradable, pero sin imágenes diabólicas. En el año 2001, Knoblauch y col. reportaron que, de las ECM estudiadas en Alemania Occidental, el 60% tuvo emociones positivas y el 29% emociones negativas, mientras que en Alemania Oriental sólo el 40% manifestó emociones positivas y el 60% negativas. Concluyeron que tanto las interpretaciones como el contenido de las ECM están determinados culturalmente.

Bush ha llegado a varias conclusiones en relación a estas ECM desagradables:

  1. algunas experiencias están marcadas por un terror intenso, culpa, pánico, soledad y desesperación;

  2. algún tipo de actividad del lóbulo temporal puede ser el mediador fisiológico de los componentes afectivos de las ECM;

  3. las ECM desagradables son más comunes de lo que se creía y no son reportadas con frecuencia por miedo, vergüenza, estigma social y otras razones;

  4. las experiencias desagradables pueden ocurrir en situaciones riesgosas o no para la vida y producir traumas psicológicos y emocionales duraderos;

  5. no hay evidencias de que las ECM desagradables sean un castigo por creencias falsas o inaceptables o por conductas diabólicas, y tampoco existen evidencias de que estas experiencias sólo las sufren la gente de mala conducta.

El ‘por qué’, sigue siendo todo un misterio, aparentemente carente de lógica.

Una explicación que se me ocurre, a título personal, y basándome en lo que he oído o leído sobre el tema, es que quizás en el momento de la muerte pueden darse casos en los que el alma de la persona sea abducida por entidades del bajo astral, o bien que si la persona no está preparada mentalmente o no tiene en ese momento estabilidad sicológica, el miedo puede hacer que interprete la experiencia de esta forma. Pero esto no dejan de ser pajas mentales del que suscribe, ciertamente.

También es cierto que estas imágenes podrían responder a un arquetipo jungianopor lo que serían represantaciones del inconsciente colectivo que están presentes en todos nosotros de forma subconsciente por ser motivos universales que de alguna forma son comunes a cualquier experiencia vital humana.

 Para finalizar

Como última reflexión, me gustaría terminar este artículo con unas palabras del propio doctor Sam Parnia, en las que contestaba a una pregunta de la revista Time respecto al proyecto AWARE

¿ Por qué cree que hay tanta resistencia a estudios como el suyo?

Porque estamos tratando temas que sobrepasan los limites de la ciencia y trabajamos contra ideas preconcebidas y percepciones que están fuertemente arraigadas. Muchas personas mantienen la idea de que cuando uno muere, se muere y eso es todo. La muerte es un momento, o se está muerto o se está vivo. Todas esas cosas no son científicamente válidas, son creencias sociales muy asentadas.

Si volvemos la vista a los finales del XIX, los físicos de aquella época estaban trabajando con las leyes de Newton y creían realmente tener todas las respuestas a todo lo que había en el universo. Cuando miramos el universo que nos rodea, las leyes de Newton son perfectamente suficientes. Explican la mayoría de las cosas con las que tenemos que bregar. Pero después se descubrió que hay niveles más diminutos, más allá  de los átomos, en los que las leyes newtonianas no funcionan. Se necesitó una nueva Física, y así surgió la Física cuántica.

Si hablamos de la mente, la consciencia y el cerebro, hoy en día se asume que la mente y el cerebro son lo mismo y trabajan exactamente al mismo tiempo. Pero luego surgen estos casos extremos, donde el cerebro se apaga, y la mente no, y podemos ver cómo lo asumido no es tan real. Así, una nueva forma de ciencia es necesaria, como lo fue la Física cuántica. El acelerador de partículas del CERN puede devolvernos a nuestras raíces. Podría llevarnos la los primeros momentos del Big-Bang. Con nuestro estudio, por primera vez, tenemos la tecnología y los medios para hacerlo. Para averiguar qué pasa con nosotros después de la muerte. ¿Algo continúa?