Dicen que quienes escriben tienen siempre algo de neurótico. Puede ser. Antonio Gala en una ocasión dijo lo siguiente:

Ciertamente ese es un pensamiento que comparto.

Entendedme, no quiero arrogarme la etiqueta de escritor, ni mucho menos, solo me autodenominaría así si fuera un profesional de esto, es decir, si viviera de la escritura, pero no es el caso, por lo tanto me parece una temeridad.

Hecha esta aclaración, como decía, comparto esa sensación. Muchas veces uno piensa que dedicarle tiempo a esto es un sinsentido.

El otro día, en un programa de radio que hablaba sobre predicción que ha hecho un superprograma de ordenador algo agorero diciendo que nuestra civilización se acababa poco menos que pasado mañana, alguien utilizó la expresión “bocas inútiles”, para referirse a los oficios que no son productivos en el sentido literal del término, es decir, que no generan ningún bien de utilidad, que no aportan al desarrollo o mantenimiento de la población, a cubrir sus necesidades materiales.

En este saco se metían periodistas, burócratas, y en general cualquiera que realizara una labor cuyo resultado no tuviera una utilidad práctica.

Es algo que muchas veces he pensado: ¿Merece la pena escribir ficción? ¿Estoy aportando algo a los demás, a la sociedad, o simplemente contribuyo junto con el resto de entretenimientos banales a que la gente se distraiga de cosas realmente importantes, como solucionar los problemas sociales?

La respuesta a esta duda me vino cuando una persona me dijo que, en un periodo en el que estaba atravesando una mala racha, leer uno de mis libros había sido el único momento de esos días en el que había podido esbozar una sonrisa.

Por supuesto una respuesta como esta acabó con mis dudas de un plumazo.

Si puedes hacer algo que puede servir para que una persona se evada por un momento, que pueda relajarse, creo que es algo muy reconfortante, y supongo que todos de vez en cuando necesitamos oxigenar la mente y disipar la tensión de este absurdo en el que a veces se convierte la existencia.

Parece ser que los creadores de ficción también tienen su función en la sociedad.

Otro amigo me comentó la importancia del arte y la imaginación, dado que desarrollan áreas del cerebro y la mente que luego permiten que se generen ideas nuevas, que la creatividad responda a problemas con respuestas inusuales que a veces vayan un poco más allá de la lógica ordinaria, por lo que es importante también para que científicos e ingenieros afilen su intelecto.

Al final va a resultar que no son tan inútiles las bocas como parecía.

Menos mal.