Este libro ha sido mi primera lectura de Palahniuk, a pesar de que soy fan de la versión cinematográfica de El club de la lucha desde el día en que  la vi.

Tyler Durden es uno de mis personajes favoritos

Hay cosas que uno posterga sin saber por qué, y leer algo de este autor ha sido una de ellas. Ahora me  arrepiento de no haberlo leído antes.

Aún así, considero que este libro habría funcionado mejor como libro de relatos, porque la historia que conecta las diferentes narraciones entre sí a veces resulta un poco lenta, y todo el tema de las automutilaciones puede llegar a resultar cargante y exageradamente absurdo, si se pierde de vista que al final este libro tan sólo es una fábula sarcástica sobre la condición humana, la sociedad occidental y su materialismo desmedido.

A pesar de ello tiene momentos memorables, como los relatos “Tripas” y “Reflexoputa”.

Me fascina la capacidad que tiene este autor para conmover con el lenguaje, haciéndote pasar de la risa a la náusea, flotando siempre en una nube de continua sorpresa.

Lo que es indudable es que tiene una voz única e inimitable, una genuina y visceral originalidad que te deja boquiabierto con cada nuevo renglón, con cada nuevo dato, con cada nueva metáfora.

Y lo hace sin preciosismos lingüísticos, con un lenguaje directo y coloquial que, en lugar de desmerecer, incrementa el impacto.

Pocos libros han tenido pasajes capaces de hacerme cerrarlos debido a la repugnancia que me causaba lo descrito, rayana en la arcada, y este ha sido uno de ellos, pero solo fue durante un pasaje especialmente gráfico y desagradable.

Palahniuk satiriza en este libro sobre diversos aspectos de la sociedad estadounidense, y no da puntada sin hilo.

A pesar de que mete algunos elementos de thriller y otros misteriosos (criptozoológicos, diría yo), no entiendo que se clasifique como un libro de terror, y el lector puede llevarse una decepción si lo aborda desde esa perspectiva.

Este libro me sirvió para experimentar en carnes propias algo sobre lo que reflexioné anteriormente, la utilidad de los escritores de ficción, y es que me sirvió para evadirme durante toda una tarde en la sala de espera de los quirófanos de un hospital, sacándome alguna que otra carcajada en una situación tan poco agradable, cosa por la que le estaré eternamente agradecido.

En futuras reseñas de obras de este autor prometo profundizar en su biografía, una vida al parecer nada usual que puede explicar mucho de la crudeza de sus obras.

En síntesis, una lectura muy recomendable no apta para estómagos sensibles.