Llegué a esta novela investigando libros escritos por autores del círculo de los Mitos de Cthulhu, siendo Fritz Leiber uno des sus autores que cuenta entre mis favoritos, con su relato El terror de las profundidades, uno de los múltiples que escribió inspirado por la obra de Lovecraft. Este libro de terror fue escrito en 1977, y refleja algunos de los trances por los que el propio autor había pasado, como su lucha contra la adicción al alcohol y la superación de la muerte de su esposa, características estas de la biografía de Leiber con las que dota al personaje protagónico de la novela.

En principio la novela cuenta con bastantes bazas a favor, pues es una narración muy atmosférica, que además cuenta con mucho encanto para los aficionados a temas lovecraftianos, pues gira en torno a un tomo de conocimiento prohibido, la Megapolisomancia: una nueva ciencia de las ciudades, escrito por un enigmático erudito, Thibaut De Castries, al más puro estilo de los libros del corpus de conocimiento de los Mitos de Cthulhu.

Cuenta, además, con otro atractivo para los fans del círculo de Lovecraft, puesto que el protagonista encuentra, junto al misterioso libro, un diario (ficticio) del escritor del los mitos Clark Ashton Smith, autor de algunos de sus relatos más emblemáticos.

Se crea entonces un juego metaliterario en el que el propio Smith narra sus encuentros con el misterioso De Castries, y todo parece conducirnos a un terrible secreto que se oculta tras la realidad de la arquitectura de las ciudades.

Esto es aderezado por contraste con unos personajes de lo más cotidiano, que conviven con el protagonista  en el bloque de pisos de alquiler, y que hacen que el libro llegue a tener cierto aire de entrañable normalidad, potenciado por la eterna nostalgia que rodea como un aura al personaje central, que aumenta el efecto de los pasajes sobrenaturales.

Sin embargo, para mi gusto, esta novela no llega a ser el Hellraiser que pudo ser y no fue, pues toda esta realidad oculta por el velo desemboca en un final algo decepcionante que no está a la altura de la ambientación tan exquisitamente elaborada desde el principio, siendo los terrores que finalmente se manifiestan demasiado flojos para lo que se venía intuyendo a lo largo de las páginas.

A pesar de ello no deja de ser una lectura interesante. En este sentido me recordó bastante a El Club Dumas,  de Pérez Reverte. Una buena idea a la que le falla el remate final.


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