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La Casa Rosa de Sevilla, ese edificio institucional con nombre de casa de lenocinio

Villa Eugenia (La Casa Rosa de Sevilla) era la finca de recreo de los marqueses de Angulo.

Fue construida en 1894 sobre el solar de la antigua quinta de juan cruz, el sastre mas afamado de Sevilla.

Cuando pasó a formar parte del patrimonio arquitectónico de la Junta de Andalucía, acogió la sede provisional de la Presidencia de la Junta de Andalucía entre 2005 y 2010, periodo en el que se desarrolló la segunda fase del proyecto de rehabilitación integral del Palacio de San Telmo.

Se construyó siguiendo cánones franceses. Entre sus elementos destacan la última planta abuhardillada, el chapitel-mirador, el parasol al estilo ‘Art-Nouveau’ y su jardín botánico de estilo romántico. Actualmente es la sede de la Consejería de Medio Ambiente.

Bien. Todo eso puedes saberlo visitando diversas páginas de internet.

Según afirman algunos de los trabajadores de este edificio, durante el auge de Manuel Chaves como el Presidente de la Junta, este la remodeló convirtiéndola en una residencia oficial a su altura, porque no le bastaba con tener un piso oficial.

Construyó una piscina, blindó los cristales y puertas, y se hizo un piso en las antiguas cuadras.

Dicen que en aquella época se celebraban en esos jardines unas fiestas de órdago.

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Pero no es de este fantasma del que te voy a hablar hoy.

Trabajar en la mansión de la Barbie

Como contaba en el artículo anterior, desde que llegué a Sevilla a trabajar, una serie de casualidades se fueron dando de tal forma que parecía que el misterio se me ponía a tiro, aunque después no se manifestara.

Una de ellas fue que, debido a uno de los múltiples cambios de gobierno que ha habido en esta legistalatura en la Junta de Andalucía, la Consejería de Agricultura y Pesca se fusionó con la de medio ambiente.

Y una consecuencia inesperada de esta fusión Megazor, como las de los Power Ranger, fue que me mandaron a trabajar a la Casa Rosa de Sevilla.

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A un sótano.

Como te lo estoy contando.

Aunque estaba habilitado como oficina.

Cuando me enteré de que se contaba que en la Casa Rosa había fantasmas, como podrás imaginar, los ojos me hicieron chiribitas.

Algunos incluso hicieron coñas diciendo que íbamos a encontrarnos esto:

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El fantasma de la Casa Rosa de Sevilla

Dicen que en la Casa Rosa de Sevilla se han grabado sombras por los pasillos y bolas de luces.

La leyenda dice que se aparece el fantasma de mujer que baja por la escalera del vestíbulo.

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Se cree que pudo ser una criada con la que el marqués mantuvo un romance.

Aunque también hay quien sostiene que el marqués no jugaba con las niñas, que era más “del club del pepino”, no sé si me entiendes, nunca mejor dicho.

Ni corto ni perezoso, el primer día, cuando terminamos la mudanza, mientras nos instalaban los equipos informáticos y tomábamos posesión de las oficinas, me dediqué a interrogar, aún a riesgo de quedar como un loco, o como un impresentable, o como ambos, al personal de mantenimiento.

A su vez, aprovechando el momento de transición que suponía la mudanza, recorrí las estancias de la casa, en aquel momento desocupadas, para ver si tenía alguna sensación extraña.

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No hice un barrido fotográfico porque hubiera sido un poco cantoso.

Y no grabé sicofonías en mi despacho porque me daba risa. Imagínate tú que sale algo, que en invierno algunas tardes se me hacía de noche, solo, en el sótano, y no se oía ni un alma, y no veas el yuyu que daba.

Estaba obligado a pasar allí un mínimo de 8 horas diarias, por lo que me pareció tirarme piedras en mi propio tejado, la verdad.

Conforme fueron pasando los días y fui cogiendo confianza con el personal, acabé recabando también testimonios de los guardias de seguridad y del personal de limpieza.

A continuación hago una transcripción cuasi literal (todo lo literal que me permite mi memoria) de las conversaciones mantenidas.

Y cuando digo literal no quiero decir que tomé nota tumbado en una litera.

Por respeto a la privacidad de los testigos se han omitido algunos datos.

Miembros de mantenimiento (y no me refiero a miembros viriles enhiestos que se usaran para mantener algún objeto erguido)

Yo: —Hola, perdonad que os moleste. ¿Es verdad que aquí hay fantasmas?

 Miembro de mantenimiento (M1): —Eso dicen, pero yo no he visto nada

Miembro de mantenimiento 2 (M2): —Pregunta a los de seguridad. Uno que había antes decía que una vez vio bajar a una mujer con un vestido largo por las escaleras, cuando estaba cerrando la casa y no había nadie.

(M1): —Dicen que la que se aparece es la mujer del cuadro.

Yo: —¿Qué cuadro?

(M1): —Uno que había en la segunda planta. Pero se lo llevaron.

Yo (para mis adentros): —Mierda.

Personal de seguridad 1 y 2:

Yo: —Perdonad que os haga esta pregunta, pero es que a mi me gustan mucho estos temas. ¿Alguna vez habéis notado algo raro en la casa?

Seguridad 1: —Aquí ya no se queda nadie por la noche. Pero aún así a la hora de cerrar a mí no me gusta esto un pelo. A veces se oyen ruidos en el piso de arriba, y un compañero una vez, por la mañana, cuando estaba abriendo, fue a abrir una puerta, y notó que alguien tiraba de ella  al otro lado. Y estaba solo. A mi me da muy mal rollo.

Seguridad 2: —Pues a mí no me ha pasado nunca nada. Eso es sugestión. El edificio cruje porque es de madera.

Seguridad 1: —Pues a mí, cuando me toca abrir por las mañanas, me da una sensación muy chunga. ¡Quita quita! Y las escaleras esas que hay al final del pasillo que cuando bajas siempre hace frío…

Seguridad 2: —Pues yo no he notado nada de eso…

Personal de seguridad 3

Yo: —Oye XXXX, ¿tú has visto alguna vez alguna vez aquí algo de lo del fantasma?

Seguridad 2: —No, pero tenías que ir una vez al edificio de XXXXX. Ahí si que se ven cosas…

Personal de limpieza

Yo: —¿Os puedo preguntar una cosa?

Señora de la limpieza 1 y señora de la limpieza 2 (al unísono): —¡Claro chiquillo!

Yo: —¿Alguna vez habéis visto algo raro, vosotras que pasáis más tiempo aquí, muchas veces cuando no hay nadie?

SL 1: ¿Lo del fantasma? ¡Uy, que va! ¡Qué miedo! Déjate, déjate.

SL 2: Yo creo en esas cosas, hombre.

SL 1: Que no hombre, que aquí no hay ná de eso.

SL 2: ¿Tú sabes lo que hemos visto aquí, hijo? Mucha mierda.


Este artículo es un capítulo del libro Lo poco que sé del misterio. en este enlace puedes leer la versión gratuita.

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