Quizá te hayas planteado poner banda sonora a tu libro. Créeme que no serías el primero.

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Y si en lugar de escritor, eres lector, quizá te gustaría saber cómo encontrar bandas sonoras para los libros que lees que hagan la lectura más inmersiva.

De hecho es algo que ya se ha hecho dentro del mundo editorial, y si las grandes editoriales lo han hecho, será por algo.

¿Quieres saber cómo poner banda sonora a tu libro y qué ventajas te reportará?

Si sigues leyendo te contaré los diferentes métodos para poner banda sonora a tu libro y cómo puede ayudarte a atrapar lectores.

Y tú, lector, ¿quieres conocer programas que generan una banda sonora específica para cada libro basándose en las palabras que lo componen, como si tradujera la atmósfera del libro a una atmósfera musical?

Entonces seguid leyendo.

Además, al final del post te enseñaré cuál es la banda sonora de mi último libro.

Poner banda sonora a los libros ya se había hecho antes del los libros electrónicos

Primeros intentos del sector editorial de poner banda sonora a un libro

Para que veas que no es una idea tan descabellada, antes de explicarte cómo poner banda sonora a tu libro quiero contarte los antecedentes de esta práctica, para que veas que es una cosa que viene de largo.

Sí, las editoriales de libros en papel también han hecho sus intentonas de poner banda sonora a sus libros.

En el mundo del marketing editorial, las editoriales siempre están dándole vueltas a nuevas ideas para promocionar sus libros.

En el año 2000, la famosa escritora mexicana Laura Esquivel, autora de grandes éxitos, entre ellos la novela Como agua para el chocolate,  fue pionera en ponerle banda sonora a un libro.

La editorial Plaza y Janés lanzó ese año su libro La ley del amor, que sería considerado el primer libro interactivo.

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Este libro venía acompañado de un compact disc con 11 pistas musicales que componían la banda sonora de la novela: 6 piezas de música clásica y 5 canciones populares mexicanas.

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Antes de comenzar la narración había un texto de la autora en el que invitaba al lector a usar el disco para acompañar la lectura del libro, porque quería que el lector viera y escuchara lo mismo que los protagonistas de la historia.

Cada canción acompañaba, por lo tanto, a una escena del libro.

Pero claro, tú no eres un gran grupo editorial, y los recursos necesarios para crear un cd y acompañar a cada ejemplar de tu libro puede que no te compensen.

Pero bueno, piensa que la era digital ha facilitado bastante las cosas, aunque te hablaré de eso más abajo.

BookTrack, la tecnología que te permite poner banda sonora a tu libro

Por ahora continuemos con la evolución de los libros con banda sonora incorporada.

Ha llovido mucho desde el año 2000, y la tecnología ha evolucionado de forma exponencial.

Con este desarrollo tecnológico han aparecido nuevos intentos de poner banda sonora a los libros.

En 2008 Mark Cameron pensó que sería buena idea crear una tecnología que permitiera escuchar música mientras se leía (cosa que no es nada nuevo), pero con el aliciente de que esta música estuviera relacionada con la lectura.

Antes, la forma que tenías de hacer esto era poner de fondo alguna banda sonora que te resultara adecuada para la lectura. Personalmente, todavía tengo asociadas indeleblemente algunas canciones de Queen a El señor de los anillos, porque fue la música de fondo que elegí, y canciones como Ogre Battle o The March of The Black Queen traen irremisiblemente a mi selevvro imágenes de ¡Montañas, Gandalf, montañas! y hobbits correteando por La Comarca, aunque, ahora, después de escuchar el maravilloso trabajo que posteriormente hiciera  Howard Shore, piense que no pegan mucho, pero, a ver, era lo que tenía a mano en aquella época.

Como te iba diciendo, el señor Cameron se puso a darle vueltas a esta idea y creó Booktrack, que es una tecnología que crea bandas sonoras y las sincroniza con libros electrónicos.

Dicha banda sonora incluye también efectos de sonido y ruidos ambientales que van coordinados con la velocidad de lectura, e incluso han creado BoockTrack Estudio, que permite a cualquiera crear su propia banda sonora.

Así, BookTrack vende sus propios libros con banda sonora incorporada en su web.

Esta sería, por lo tanto, la primera forma en la que podrías poner banda sonora a tu libro, porque con BoockTrack Estudio te permite crear tu libro con banda sonora y subirlo a su plataforma, y es gratuito.

“¿Cómo? ¿Que es gratis? te preguntarás.

Pues sí, es gratis, supongo que ellos se llevarán parte de la venta del libro, y además también hacen negocio ofreciendo servicios a autores para ayudarles a hacer sus bandas sonoras, lo que me hace sospechar que, como no seas muy mañoso, lo mismo te sale una banda sonora digna de La Charanga del Tío Honorio, lo cual podría ser hasta contraproducente.

 

La teoría es que, mediante una aplicación que puedes descargarte en tu PC, smartphone o tablet, asocias la canción o los efectos de sonido que quieras a cada fragmento de texto, y ya podrías publicar el libro en la plataforma de Booktrack con licencia de Creative Commons.

Quizá como idea complementaria al libro sin audio podría resultar curiosa, porque supongo que limitarse a distribuir el libro solo en BookTrack podría restarle visibildad y ventas, porque ya sabemos que son otras las plataformas de venta de libros digitales con mayor distribución.

En nuestro país, el sello editorial Toromítico, de la Editorial Almuzara, promocionó la novela El amante de la luna creando una banda sonora para el libro.

Para ello encargaron al compositor Didac Pascual que compusiera una pieza inspirada en los personajes principales, y los lectores podían disfrutarla entrando en la página web diseñada para promocionar el libro.

Esta podría ser otra opción si conoces a algún compositor enrollado, o si tienes el talento musical de Pablo Ferradas

Transprose, un paso más allá para poner banda sonora a un libro

La música y programadora neoyorquina Hannah Davis se basó en una base de datos de palabras de la National Research Council Canada para crear Transprose (Transprosa, que vendría a significar ‘más allá de la prosa’.

Tal y como explica la propia Hannah en la web de Transprose

Using natural language processing, TransProse reads in text and determines densities of eight different emotions (joy, sadness, anger, disgust, anticipation, surprise, trust, and fear) and two different states (positive or negative) throughout the novel. The musical piece chronologically follows the novel. It uses the emotion density data to determine the tempo, key, notes, octaves, etc. for the piece depending on different rules and parameters.

 

Usando un procesamiento natural del lenguaje, Transprose lee el texto y determina las densidades de ocho emociones diferentes (alegría, tristeza, disgusto, anticipación, sorpresa, confianza y miedo) y dos estados diferentes (positivo y negativo) a través de la novela. La pieza musical sigue cronológicamente la novela. Usa los datos de densidad de emoción para determinar para la pieza el tempo, la clave, notas, octavas, etc.  dependiendo de diferentes reglas y parámetros.

Así que, lector, si quieres poner banda sonora a tu libro favorito, puedes descargarte la música para los libros que ha creado Transprose en este enlace.

Y para que veas un ejemplo, aquí te dejo una de las piezas de música que Transprose ha creado para uno de los clásicos de la literatura de terror psicológico: El señor de las moscas.


Chulo, ¿verdad?

Pero si no eres coleguita de Hannah, puede que lo tengas crudo para convencerla de que te ayude a poner banda sonora a tu libro, así que vamos a seguir viendo otras posibilidades para poner música a tu libro que sean un poco más de andar por casa.

Pero antes vamos a ver por qué deberías tomarte el trabajo de poner banda sonora a tu libro.

¿Qué beneficios tiene poner banda sonora a tu libro? ¿Merece la pena?

El maridaje de la música con la lectura es una combinación altamente efectiva. Poner banda sonora a tu libro tiene una serie de beneficios:

Aunque es más probable que salgas espantado. Me a quedado un poco bizarra.

¿Cómo poner banda sonora a tu libro?

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Si hubiera sido músico, me habría currado esta canción ficticia que sale en el libro para la banda sonora de Historias que no contaría a mi madre

Si ninguna de las opciones que hemos visto anteriormente no te es viable, todavía quedan algunas formas de poner banda sonora a tu libro que no requerirán mucho esfuerzo y ninguna inversión económica por tu parte.

Que son gratis, vamos.

Estas son las formas de poner banda sonora a tu novela y compartirla con tus lectores:

Crea una lista de Spotify con la banda sonora de tu libro

Si tienes cuenta en esta maravillosa aplicación, puedes crear una lista de reproducción con las canciones que quieras incluir en la banda sonora de tu libro y compartirla tanto con tus seguidores de Spotify como en aquellas redes sociales que son compatibles con Spotify.

Aquí tienes un tutorial sobre cómo compartir la música de tu libro en Spotify.

Ponle banda sonora a tu libro creando una lista de reproducción de YouTube

Si tienes cuenta o canal de YouTube  puedes poner banda sonora a tu libro creando una lista de reproducción de YouTube (como explica este tutorial) y compartirla en redes sociales, o alojarla en la página del libro que tengas en tu web de escritor.

También puedes incluir un link a la misma en tu ebook, explicándole a los lectores de qué se trata, y si tu libro es en papel, no te preocupes, pues para mi libro Diario de un superhéroe sevillano diseñé una forma de incluir links en libros en papel de forma sencilla, como te explico en este artículo.

Crea un post sobre la banda sonora de tu libro en tu blog

Como este que estoy haciendo yo.

Puedes alojar los vídeos de la canciones que componen la banda sonora de tu libro en un post e ir indicando al capítulo que pertenecen, incluso incluyendo citas de texto para contextualizarlo.

En el siguiente apartado te enseño cómo se hace.

Esta idea de poner música al libro en posts del blog se me ocurrió hace tiempo, pero antes lo hacía (como puedes ver en el enlace) de manera errónea, porque hacía un post por canción.

Esto es un error porque las diferentes canciones se dispersan, y para el lector es un engorro tener que andar yéndose a cada nuevo post, así que pienso que lo mejor para poner banda sonora a tu libro de esta forma es colocar todas las canciones en un solo post, lo que significa que con un solo enlace puedes insertar o compartir la banda sonora de tu libro, alojándola en la página concreta del libro si gustas o compartiéndola dentro de tu campaña de marketing de contenidos.

Eso sí, no hagas como yo, y pon banda sonora a tu libro antes de publicarlo, para poder incluir en el libro un texto que informe al lector o la lectora de que tiene disponible la banda sonora.

Cómo poner banda sonora a tu libro: La banda sonora de La lógica de lo absurdo

Para mi última novela, La lógica de lo absurdo, quise integrar algunas canciones en la narración, de hecho, algunas dan información clave sobre la trama en algunos capítulos.

Al final la cosa me ha quedado un tanto curiosa de más, entre las referencias a los años 80 y lo casposo de algunas de ellas, pero qué le vamos a hacer, es un libro que combina el humor con los fenómenos paranormales, y a veces esto da lugar a situaciones de humor absurdo.

La ficción absurda es lo que tiene.

Aquí tienes el enlace de Spotify de la banda sonora de La lógica de lo absurdo.

Así que, no sin antes advertirte de que no me responsabilizo de los daños cerebrales que te pueda causar, te dejo con la banda sonora de La Lógica de lo absurdo:

Capítulo 1. Nocaut

Pero la salve rociera amortiguaba cualquier mensaje en el interior de la mente de Hermenegilda Ósea. Rebotaba en su conciencia mezclada con un eco compulsivo del pasado que la publicidad se había encargado de instalar de forma perenne en su subconsciente.

Olé, olé, Ibara oliva olé, Ibarra oliva olé, olé olé olé olé Ibarra oliva oleeeeeeeeeeeeeeee…

Con la melodía resonando en su cabeza como un himno de batalla, la mujer, esbelta a pesar de estar más cerca de los 50 que de los 40, de cabellos dorados como espigas de trigo quemadas por la raíz, se lanzó en pos de su momento de epifanía, ante el gesto aterrado del matrimonio que componía su séquito.

Como única despedida, tres palabras enigmáticas que desconcertaron a Joan y señora:

Ibarra oliva olé.

Capítulo 14. Comienza el viaje

El viaje se había prolongado más de lo debido. Por culpa de un par de elecciones incorrectas y su falta de maña con la tecnología había acabado llegando hasta de Sant Celoni, donde tuvo que detenerse en una gasolinera.

Allí le indicaron que debía tomar la carretera C-61 para llegar a Vallgorguina.

Al frente, solo oscuridad. A ambos lados la densa vegetación, la montaña y alguna masía ocasional. Los árboles se ceñían al borde de la carretera proyectando sus formas siniestras y alargadas, ante el haz de luz, como gigantes escuálidos que intentaran atraparla detrás de cada curva.

La radio se encendió de repente, sobresaltándola. Sonaba una melodía hipnótica cantada en inglés que le traía recuerdos de su juventud.

Acércate y mira,

mira entre los árboles,

encuentra la chica

si puedes.

Aquello era extraño, pero no quiso darle más importancia. Prefirió limitarse a pensar que escuchar The Cure tampoco era mala cosa.

Acércate y mira

mira en la oscuridad

solo sigue tus ojos

solo sigue tus ojos.

La música, a pesar de sus tintes siniestros, la reconfortaba…

Escucho una voz

diciendo mi nombre

el sonido se encuentra profundo

en la oscuridad.

Escucho su voz

Notaba los párpados cada vez más y más pesados…

y comienzo a correr

dentro del bosque

dentro del bosque

dentro del bosque.

Comenzó a notar como cabeceaba, las espirales de las evoluciones del sintetizador la estaban arrastrando hacia un sueño profundo. Más y más profundo…

De repente paro

pero sé que es muy tarde

estoy perdido en el bosque,

solo.

La chica nunca estuvo ahí

siempre es lo mismo

Estoy corriendo hacia la nada

una y otra vez y otra vez y otra vez

Justo cuando iba a dejarse vencer por el cansancio, cerrando los ojos por completo, el miedo la atravesó de la cabeza a los pies como una descarga de diez mil voltios. Una potente luz la deslumbró por el retrovisor. Era discoidal, superaba con creces el ancho de ambos carriles de la carretera, y se desplazaba flotando a varios metros del suelo.

Capítulo 19. Descenso al inframundo

Mientras caminaba por la planicie de cemento, el cielo comenzó a encapotarse como si quisiera darle una advertencia ominosa. Las nubes comenzaron a moverse con suavidad empujadas por una veloz brisa, antojándosele jinetes, jinetes en la tormenta. Unas notas de piano comenzaron a resonar en algún punto indeterminado de su cerebro.

Jinetes en la tormenta,

jinetes de la tormenta,

nacemos en este mundo,

a este mundo somos arrojados

cómo un perro sin hueso,

cómo un actor en completa soledad.

Aquella suerte de sinestesia musical se vio interrumpida cuando se dio de bruces con la lámina de vidrio de la puerta de la tienda de muebles. Cayó de culo. En la lejanía, por un momento, Genaro contuvo la respiración. Cuando hizo ademán de ir hacia ella, el pequeño mejicano lo detuvo, bloqueándolo con un gesto firme del brazo. Genaro entendió el mensaje: Hermenegilda tenía que enfrentarse sola a aquella prueba.

Capítulo 24. Genaro

Y así habían transcurrido sus días, en su retiro personal, como un monje erudito del medievo, hasta la noche en que tuvo el extraño sueño.

Se hallaba en un espacio adimensional, una nada de blanco fulgor, en cuyo centro se hallaba Rafaella Carrá. Después de cantarle, para deleite de Genaro, su gran clásico de los 80, ¡Qué dolor!, con coreografía incluida, le advirtió de que la amiga de la que hablaba la canción se hallaba en peligro, y que debía estar en la dirección que le iba a proporcionar al día siguiente, a una hora determinada. Si acudía, también podría obtener información sobre lo que le estaba pasando.

Capítulo 28. ¿Dónde estoy?

No podía calcular cuánto tiempo había transcurrido o la longitud de su descenso, tan solo que notaba las piernas cansadas. Justo cuando estaba planteándose dar media vuelta y volver a subir, tras el la esquina apareció otra puerta. Esta vez era de color verde. La empujó sin miramientos.

Penetró en una pequeña habitación cúbica, de paredes también verdes. al otro lado había una puerta sin picaporte, blanca esta vez. Tan blanca que parecía un acceso al vacío, a la nada. La empujó pero estaba bloqueada.

En el centro de la estancia había un sillón rojo de aspecto mullido, que contrastaba de forma llamativa con el color del resto de la estancia. Cuando se cansó de forcejear intentando abrir la puerta, se sentó. Tenía que descansar para volver a subir las interminables escaleras, pues no veía la forma de salir por aquella puerta. El asiento era muy cómodo.

Unas notas de de sintetizador comenzaron a invadir la estancia.Unas voces, que parecían una mala imitación de un coro del ejército ruso, comenzaron a cantar:

Moskau

Fremd und geheimnisvoll

Türme aus rotem Gold

Kalt wie das Eis

De repente se abrió la puerta.

Moskau

Doch wer dich wirklich kennt

Der weiß, ein Feuer brennt

In dir so heiß

Para su sorpresa vio aparecer en la sala a dos ídolos de su niñez. Ante ella estaban el dúo infantil Enrique y Ana. Enrique llevaba a Ana a hombros. Ambos vestían las mismas ropas setentonas de corte oriental que usaban cuando cantaban la canción Superdisco chino: pantalones largos blancos y zapatillas él, bermudas blancas y zapatillas blancas ella, ambos una especie de camisa con forma de kimono blanca con mangas naranjas, cerrada con un cinturón del mismo color. En cada mano portaban la fina vara y el plato de plástico que formaban el conocido disco chino, que hacían girar con gran habilidad y equilibrio.

Kosaken hey hey hey hebt die Gläser

Natascha ha ha ha du bist schön ah ha

Towarisch hey hey hey auf das Leben h

Auf Dein Wohl Bruder hey Bruder ho!

La música cesó de forma abrupta. El dúo permanecía frente a ella en la misma postura, sin dejar de ejecutar sus malabarismos.

El muchacho clavó sus ojos en Hermenegilda, sustituyendo la forzada sonrisa por un gesto serio.

Esta tragó saliva y se encogió en el sofá, esperando que a continuación pasara cualquier cosa.

Sin dejar de menear los palillos, el joven astro comenzó a hablar:

–Un glan mago del oliente, Kin Kan Kun el adivino, me enseño su glan secleto que ela el superdisco chino.

»¿Qué es aquello que da vueltas como el aspa de un molino?

Hermenegilda no cabía en sí de gozo. Aquella era la letra de la canción favorita de su niñez, que la había incitado a explorar los misterios del orientalismo, así que, contestó exaltada: «¡Es el superdisco chino!».

Dejando caer los platillos al suelo, Enrique, y Ana desde su grupa, comenzaron a golpearla con las varas gritando:

¡Sin el superdisco, sin el superdisco!

Y como colofón, incluiré también la canción del booktrailer de La Lógica de lo absurdo, que también está muy chula, y en cierto modo sería como la música de los créditos en una banda sonora:

Y esto es todo por hoy.

Si después de semejante ejemplo de sincretismo musical todavía sigues aquí, espero que al menos te haya servido para aprender cómo poner banda sonora a tu libro.

Si, a pesar de lo grotesco de la selección musical, te ha picado la curiosidad con el libro, recuerda que puedes leer los primeros capítulos de La Lógica de lo absurdo aquí.