Gracias a la recientemente oscarizada La forma del agua, de Guillermo del toro, hay quien opina que una película lovecraftiana ha recibido un Oscar, aunque hay quien piensa que La forma del agua nada tiene que ver con Lovecraft y sus mitos de Cthulhu.

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Lo que es cierto es que hay un subgénero dentro del cine de fantástico y de terror, el de los hombres pez, que tiene mucha relación, aunque sea estéticamente, con algunas de las obras más famosas de Lovecraft.

¿Habrá realmente alguna relación o solo es una cuestión estética?

De eso, y de La forma del agua y su relación con Lovecraft, quiero hablarte en este artículo.

El subgénero de los hombres pez en el cine se compone de un pequeño grupo de películas que plantean la existencia de monstruos mitad hombre, mitad pez (unas veces individuos solitarios, otras, razas enteras) que atacan a los humanos y, normalmente, acaban raptando a una hembra humana, bien sea por un concepto de amor romántico o por puro instinto reproductor.

Si bien es cierto que la idea de los humanoides anfibios no es exclusiva de Lovecraft, y a veces fue usada como tópico por la ciencia ficción en relación con el mito de Atlantis a partir de los años 20 en los relatos que poblaban las revistas pulp, los hombres pez de Lovecraft han sido los más famosos (y créeme, los más terroríficos) de la literatura.

Lovecraft, como hacía siempre, le dio algo más de trasfondo histórico y realismo al mito entreverándolo con mitologías que existían realmente, para lo cual tomó al dios Dagon de los filisteos, al que se hacían menciones en La Biblia, y lo relacionó también con los mitos clásicos de las sirenas.

De esta forma, con el relato homónimo Dagon sentó las bases de la inclusión del mito de los hombres pez en el corpus de los mitos de Cthulhu, pero fue más allá, puesto que Dagon era el dios y rey de toda una raza de insidiosas criaturas antropomórficas mezcla de batracio y pez, Los profundos, que se habían hibridado en algunas poblaciones costeras con los humanos para infiltrarse en nuestra sociedad y que vivían en algunas ciudades subacuáticas, como R’lyeh o Y’ha-nthlei.

El relato que asienta este mito dentro del ciclo de los mitos de Cthulhu, que además es uno de los relatos fundacionales de dicho ciclo con el que podrías comenzar si no sabes por dónde empezar a leer a Lovecraft, es La sombra sobre Innsmouth.

Aunque este tema sería desarrollado y ampliado en muchos otros libros de los mitos, como, por citar algún ejemplo, El rastro de Cthulhu o El horror que nos acecha.

Así, Lovecraft plasmó en estas criaturas dos de sus obsesiones, por un lado la aversión al mar y al pescado que adquirió a raíz de una intoxicación alimentaria, y por otro su xenofobia, pues su máximo terror era la degradación de la raza por su mezcla genética con extraños venidos de allende los mares.

Y vemos que este leitmotiv está presente en gran parte de las películas sobre hombres pez, incluso en las que no son adaptaciones directas de las obras de Lovecraft, por lo que ya podríamos decir que, en cierto modo, plasman esa obsesión Lovecraftiana al terror hacia la hibridación de especies, puesto que en muchas de ellas, como verás a continuación, el humanoide anfibio se obsesiona en raptar a una hembra humana, y es de suponer que su intención no es invitarla a hacer un sudoku.

Lovecraft desarrolla el mito creando incluso una ciudad maldita en la que esta raza guarda a un dios mayor de los mitos que permanece en Letargo, la ciudad de R’lyeh en la que el gran Cthulhu aguarda soñando, y cuya localización en el mapa causó una de las coincidencias literarias más alucinantes, vinculada a un misterio real, el de la emisión de un ruido subterráneo conocido como el Bloop que algunos atribuían a una criatura criptozoológica, pero que finalmente parece ser causado por el ruido que ocasiona el movimiento de algunos glaciares.

La ampliación del mito también incluía la presencia de híbridos nacidos de mezcla de profundos y humanos, que parecían humanos de aspecto poco agraciado y deforme, lo que en el universo de Lovecraft se conoce como “el aspecto de Innsmouth”, “la marca de Innsmouth” o “el estigma de Innsmouth”, creando nuevas posibilidades narrativas, como la de los herederos de este estigma genético que ignoran su condición, pero que con el tiempo van descubriendo su verdadera naturaleza, y vemos que es en este punto donde la mitología lovecraftiana conecta de nuevo con La forma del agua.

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El estigma de Innsmouth: definición gráfica.

Este es un mito que ya existía en la cultura popular, en algunos casos reforzados por lo que pudieron ser individuos que tenían mutaciones genéticas, como el legendario aunque supuestamente real hombre pez de Liérganes.

Personalmente, esta parte e los mitos lovecraftianos me gusta tanto que al final tuve que meterlo en mi novela homenaje a los mitos de Cthulhu, a pesar de que transcurre en una ciudad de interior como es Córdoba, aunque creo que al final quedó bien justificado.

Pero antes de hablar de La forma del agua, vamos a comenzar revisando a su ascendente más directo, la película que la originó y a la que rinde homenaje.

 

La mujer y el monstruo: la película que dio origen a La forma del agua

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Si hay una película que ha asentado en el cine el mito de los hombres pez, sin duda esa es La mujer y el monstruo, también conocida como La criatura de la laguna negra o El monstruo de la laguna negra (su título original era Creature from the Black Lagoon), y que ha sido la principal influencia de Guillermo del Toro a la hora de crear La forma del agua.

El propio del Toro ha explicado que la idea de esta película viene de la frustración que experimentó de pequeño al ver esta película por el hecho de que la mujer y el monstruo al final no acaban juntos.

Así, del Toro decidió rodar este final alternativo para esta historia.

Esta película lanzó al Gill Man u Hombre-Branquia al Olimpo de los monstruos clásicos de la Universal ya habitado por otros monstruos cinematográficos como Drácula, el Hombre Invisible o la Momia.

La película aprovechó que en 1954, época en que se estrenó, la ciencia ficción estaba de moda en el cine de serie B, por lo que se alejó de los tópicos del horror gótico con esta historia sobre una expedición científica que descubre a una extraña criatura en el río Amazonas.

Esta película, como otras del cine de hombres pez, tiene muchos elementos involuntariamente lovecraftianos.

En esta historia tenemos a un grupo de científicos, que solían ser los héroes de las películas de Lovecraft, que descubren un fósil de una mano palmeada que podría resolver el misterio del eslabón perdido en la cadena evolutiva en referencia al paso del mar a los ecosistemas terrestres. Esto les llevará al Amazonas donde descubrirán a una criatura anfibia que encaja bastante bien con los profundos de Lovecraft.

Siendo Lovecraft un clásico de las letras americanas, es posible que estos elementos fueran añadidos por los guionistas de la película bajo influencia de sus obras, pero no hay ningún dato que confirme esta tesis.

Hasta donde sabemos, el argumento surgió en 1941 en una fiesta en casa de Orson Welles en la que el cineasta iberoamericano Gabriel Figueroa le contó a William Alland una historia que aseguraba que era cierta la leyenda de que en el Amazonas, una vez al año, una criatura anfibia salía del río para raptar a una mujer para llevársela al río. Esta historia se combinó en la mente de Alland con el clásico del cine de monstruos por antonomasia, King Kong, para dar lugar al germen de estas historia que tuvo dos secuelas, ‘La venganza del hombre monstruo‘ y ‘El monstruo camina entre nosotros‘.

 

La forma del agua, ¿es una película lovecraftiana de los mitos de Cthulhu?

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Esta influencia es clara y evidente pero, ¿tiene la película también alguna influencia que permita admitir que es una película lovecraftiana?

En primer lugar, el propio Guillermo el Toro también ha admitido abiertamente que es un gran fan de Lovecraft y los mitos de Cthulhu, y algunos de sus trabajos, como Hellboy, han sido historias que tocaban de refilón los temas de Lovecraft.

También es sabido que del Toro quiso adaptar En las montañas de la locura.

Es cierto que en esta película del Toro subvierte el tópico lovecraftiano de la fobia a la mezcla de razas y la propia película se convierte en un himno contra la intolerancia, como muestran historias secundarias, como la de la compañera afroamericana de la protagonista, o la condición de homosexual del compañero de piso de la heroína del film.

De hecho, del Toro convierte al monstruo en una criatura simpática, humanizándola.

Sin embargo, hay varios elementos lovecraftianos, pero si quieres saberlos te tendrás que comer un spoiler.

 

El spoiler que demuestra que La forma del agua es una película Lovecraftiana

En primer lugar, en La forma del agua, cuando hablan del origen de la criatura, afirman que la capturaron en el Amazonas, donde los nativos consideran que es un dios. Aquí tenemos una clara referencia a Dagon, un humanoide anfibio que es un dios.

En segundo lugar, La forma del agua tiene el subtexto lovecraftiano del heredero de la marca de Innsmouth, en este caso heredera, que no acaba de encajar en la sociedad y siente algo extraño en su interior, hasta que al final descubre que esta sensación se debe a que tiene genes de profundo, y que su transformación en híbrido entre profundo y humano se está completando poco a poco, hasta el fatal final en el que sentirá la llamada de las profundidades que le obligará a dejar el mundo humano y sumergirse en el mundo acuático, aunque  en la película del Toro de nuevo cambia el sentido de este tópico haciéndolo pasar de maldición a final feliz.

Y esto se refleja en la película igual que ne los relatos de Lovecraft, en los que los profundos híbridos tienen unas extrañas malformaciones en el cuello que con el tiempo se irán revelando como agallas que demuestran su naturaleza de híbridos, y este elemento juega un papel crucial en La forma del agua, pues nos explica en parte el historial y la psicología del personaje de la protagonista, Eliza Esposito, que desconoce su ascendencia familiar, como su apellido indica, por ser huérfana, aunque esto se revelará al final de la película

Y antes de pasar a analizar la influencia de Lovecraft en el resto de películas del subgénero del cine de hombres pez, quiero hablar de una polémica que ha acompañado a La forma del agua, dado que algunas voces claman que la película de Guillermo del toro ha incurrido en plagio.

Y es que son muchos los que afirman que el argumento de La forma del agua tiene demasiados puntos comunes con un cortometraje del holandés Marc Nollkaemper titulado The Space Between Us, en el que una limpiadora de unos laboratorios secretos gubernamentales entabla relación con una criatura humanoide anfibia.

Aquí te lo dejo para que juzgues por ti mismo.

El cine de los hombres pez y su relación con el mito lovecraftiano de los profundos más allá de La forma del agua

Así que ahora toca ponerse el neopreno para sumergirte en mares de celuloide a la búsqueda de ciudades submarinas perdidas y extrañas criaturas piscícolas para tratar de comprobar si la sombra de Lovecraft en este subgénero es tan alargada como aparenta.

Algunas de las películas que veremos a continuación son adaptaciones al cine de obras de Lovecraft, lo que ya de por sí representa un subgénero al que hay que echarle valor, no porque dé mucho miedo, sino porque abundan las películas penosas que fallan de forma estrepitosa al adaptar a Lovecraft, aunque algunas de las que vamos a ver a continuación sí que captaron la esencia de los mitos de Cthulhu con éxito, como ya te conté en esta lista de las mejores adaptaciones de Lovecraft al cine.

 

La ciudad sumergida (1965)

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Dirigida ni más ni menos que por Jacques Tourneur, esta película aprovechó la fiebre de esta década por las adaptaciones de Poe protagonizadas por Vincent Price, cuyo pistoletazo de salida lo dio Roger Corman en 1960 al adaptar El hundimiento de la casa Usher.

Y al igual que Corman, esta película peca de usar a Poe como excusa para, en realidad, adaptar a un autor que todavía no era lo suficientemente popular por la época, H. P. Lovecraft, camuflando además los argumentos de Lovecraft con un toque racionalista de las aventuras de Julio Verne que los despojaba de cualquier rastro de literatura sobrenatural para convertirlas en cine de aventuras para todos los públicos.

Así, la ciudad sumergida, también conocida como War gods of the deep, tiene poco en común con La forma del agua, pero mucho con el mito lovecraftiano de los profundos.

La película empieza muy muy lovecraftiana, con un profundo que irrumpe en una mansión a través de un pasadizo secreto que conecta este edificio con unas cuevas que dan al mar. Vamos, que casi parece el principio de una aventura clásica del juego de rol de La llamada de Cthulhu.

La excusa para introducir a Poe en la ecuación es que la película supuestamente se inspira en un poema del autor, La ciudad en el mar:

La Ciudad en el Mar, Por Edgar Allan Poe

¡Mira! La muerte se ha izado un trono
en una extraña y solitaria ciudad
allá lejos en el sombrío Oeste,
donde el bueno y el malo y el mejor y el peor
han ido a su reposo eterno
Allí capillas y palacios y torres
(torres devoradoras de tiempo que no se estremecen)
no se asemejan a nada que sea nuestro.
En los alrededores, olvidadas por vientos inquietos
resignadamente bajo el cielo
las melancólicas aguas reposan.

No bajan rayos de luz del santo cielo
a esta ciudad de la eterna noche.
Pero una luz interior del lívido mar
proyecta silenciosas torrecillas
—resplandecen los pináculos por todas partes—
Cúpulas-agujas, salones reales
pórticos, paredes estilo babilónico,
sombrías y olvidadas glorietas
de hiedra esculpida y flores pétreas,
y muchos, muchos maravillosos santuarios
cuyos ensortijados frisos entrelazan
la viola, la violeta y la vid.

Resignadamente bajo el cielo
las melancólicas aguas reposan.
Tanto se mezclan allí las torres y las sombras
que parecen péndulos en el aire
mientras que desde una altiva torre en la ciudad
la muerte mira hacia abajo como desde una enormidad.

Allí los tiempos abiertos y las descubiertas tumbas
bostezan a nivel con las luminosas olas,
pero no las riquezas que allí yacen
en cada uno de los ojos de diamante del ídolo
—los muertos alegremente enjoyados no
tientan las aguas desde sus lechos—;
pues no se rizan las ondas, ¡ay!,
en este desierto de cristal
—Ninguna agitación dice que los vientos pueden estar
en algún mar lejano y más feliz—.
Ninguna ola sugiere que los vientos han estado
en mares menos espantosamente serenos.

¡Pero, mira! ¡Algo se agita en el aire!
La ola. ¡Hay un movimiento allí!,
como si las torres se hubieran apartado,
sumergiéndose lentamente, la lenta marea,
como si sus cimas débilmente hubieran dejado
un vacío en el brumoso cielo.
Las olas tienen ahora un brillo rojizo
las olas respiran desmayadas y lentas.
Y cuando ya no hay lamentos terrenales
baja, baja esta ciudad hasta donde se quedará desde ahora.
El infierno, elevándose desde mil tronos,
le hará reverencias.

Pero lo cierto es que le debe más a La sombra sobre Innsmouth, pues en la película una chica es raptada en una mansión en la que hay túneles de unos contrabandistas inmortales que conectan con una ciudad sumergida (que no podemos evitar que nos recuerde a la  Y’ha-nthlei de Innsmouth) frente a la costa habitada por una raza de humanoides anfibios con los que colaboran.

Pero, ya te he dicho antes que, como Lovecraft y su ficción weird no estaban de moda, despojan la historia de cualquier rastro de horror cósmico explicando que los seres anfibios son Atlantes, y que la inmortalidad de los contrabandistas se debe a una explicación científica absurda, por lo que al final, con los desahogos cómicos incluidos, acaba recordando más a Viaje al centro de la tierra mezclada con 20.000 leguas de viaje submarino.

Esta película asienta lo que serán elementos comunes del género: una hembra humana abducida por los hombres pez y una ciudad subacuática amenazada por la explosión de un volcán.

 

La isla de los hombres peces (1979)

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Esta vez es un médico que viaja en un barco que transporta prisioneros el que naufraga en una isla amenazada por un volcán en la que hay unas terroríficas criaturas anfibias y una ciudad sumergida con un tesoro, así como rituales vudú y un hacendado que pretende violear a la hija de un científico.

El inicio recuerda mucho al naufragio del relato Dagon, y es bastante lovecraftiano, con el protagonista dando bandazos por un paraje extraño con unos planos generales hacen parecer que el aventurero es en realidad una débil mota de polvo que se enfrenta a fuerzas de la naturaleza hostiles ante las que es insignificante, pero al final todo retoma el cauce de aventura racionalista tan frecuente en las películas de la época, con explicación científica al misterio incluida.

Esta película fue posteriormente comprada por Roger Corman, que añadió escenas adicionales y cambió la historia, reestrenándola en USA como Screamers, y aquí como Los monstruos de la laguna del diablo, contribuyendo a aumentar la confusión.

 

Humanoides del abismo (1980)

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Aunque no apareció en los créditos, Roger Corman y su compañía New World Pictures estaban también detrás de este amago de película lovecraftiana que tiene todo el gamberrismo y el encanto de las películas de terror de serie de B de esta década, y de la que aún tengo recuerdos aterradores.

Unos profundos ciclados que están más salidos que el pico de una plancha asolan una ciudad costera tratando de encalomarse a cuanta humana encuentran por delante en un desfile tetil típico del cine ochentero. Todo un clásico. Por supuesto, al final explicación científica de mercadillo al canto para disimular cualquier rastro de Lovecraft, pero teniendo en cuenta que Corman fue el responsable de una de las primeras adaptaciones al cine de Lovecraft, que también disfrazó como adaptación de Poe, La mansión de los espíritus, podemos aceptar pulpo (nunca mejor dicho) como animal de compañía.

Por cierto que parece que hubo un remake para televisión en 1996, pero nada te puedo contar de él porque no lo he visto.

 

Una pandilla alucinante (1987)

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Otra gran película de los 80 en la que podemos ver a los monstruos de al Universal haciendo team up, por lo que la criatura de la laguna negra aparece junto a Drácula, Frankenstein, el hombre Lobo y la Momia en un argumento con más agujeros que un queso gruyer, pero terriblemente divertida.

A eso añádele una pandilla de niños a caballo entre los Goonies y los Bicivoladores que tendrán que hacerles frente, y tienes una comedia de terror ochentera que, eso sí, nada tiene que ver con Lovecraft, pero que hará las delicias de los fans de Stranger Things sin son capaces de hacer algunas concesiones al guión.

Por cierto, en España tuvimos nuestra versión, aunque sin hombre pez (el disfraz se salía del presupuesto) en forma de musical oligofrénico, Buenas noches señor monstruo, por el que alguien debería haber recibido unos cuantos años de cárcel.

The shadow over Innsmouth (1992). Versión japonesa

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Una adaptación japonesa del relato de Lovecraft sobre los Profundos por excelencia.

Te la dejo aquí, eso sí, en japonés, porque no llegó a traspasar las fronteras niponas.

Y sí, soy tan friki me la he tragado sin subtítulos, más o menos se entiende la trama si conoces el relato original.

Una adaptación libre que, a pesar de su falta de medios (no te esperes algo como La forma del agua), es bastante fiel al espíritu de Lovecraft y consigue momentos inquietantes.

Dagon: La secta del mar (2001)

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Una de las mejores adaptaciones de Lovecraft que he visto hasta la fecha, aunque se toma sus licencias. No en vano su director Stuart Gordon, es responsable de otras grandes adaptaciones de Lovecraft como son Resonator, Reanimator y Tras las paredes, así como Necronomincon: El libro de los muertos.

Esta película traslada la acción del relato de La Sombra sobre Innsmouth de las costas de Massachusetts a las costas gallegas, por lo que la tenebrosa ciudad pasa a llamarse Inboca.

Es una película de terror con todas las de la ley en la que se refleja muy bien por qué los habitantes de Innsmouth son unos de los más perversos y terribles antagonistas de la literatura de Lovecraft.

 

El manuscrito Lovecraft (2005)

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En esta interesante película unos estudiantes viajan tras las pistas del pasado de Lovecraft hasta Italia, donde descubrirán unas inquietantes tradiciones que vinculan a los humanos con criaturas acuáticas bastante siniestras.

 

Cthulhu (2007)

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Como curiosidad hay que decir que una de las protagonistas de esta película es una de las actrices de la serie Sensación de vivir, Tori Spelling.

Es una película que capta de forma sutil la atmósfera de Lovecraft, que también adapta libremente  La sombra sobre Innsmouth, pero introduciendo además el tópico del heredero de la marca de Innsmouth que regresa hacia su localidad de origen sin saber que pronto se cumplirá un fatal destino que lleva en la sangre.

 

La piel fría (2017)

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De nuevo tenemos el tema de la hibridación entre especies, aunque en esta película la coincidencia con los mitos de Cthulhu es estética, puesto que se despoja a las criaturas de la malignidad intrínseca de los profundos y no hay presencia de ningún factor sobrenatural.

Las historia es la de un responsable de una estación meteorológica que pronto descubrirá por qué el único habitante de la isla que lo acompaña, el farero, nunca sale de noche.

 

Y aquí termina este repaso por el cine de hombres pez que comenzamos con La forma del agua. Espero que te haya gustado.

Si conoces alguna otra película de hombres pez que merezca la pena déjala en el hilo de comentarios.

Y ahora, si después de tanto profundo quieres leer un libro en el que aparecen híbridos de profundo en pleno secano y otras criaturas de los mitos de Cthulhu, puedes echar un vistazo aquí.